El fugitivo

Un préstamo más para esta entrada. ¿Qué le puedo hacer? Me gustó mucho y antes de que el recorte amarillento del periódico se extravíe lo transcribo y le agrego una fotografía de mi autoría, tomada en Heredia, Costa Rica.

“Hierba demasiado olorosa para ser cierta…”

 

El fugitivo
Ernesto Lumbreras (México)

Hierba demasiado olorosa para ser cierta la que levanta ese pie doliente. Corre, corre, como decir, corazón lo intentamos. Bravos perros lo siguen, olfatean su ánima, lo confunden con un arroyo. En su cuerpo, todo es una prisa de comenzar un verbo. Hambre y sed tiene; niños, hormigas, algún yunque, si se le mira bien, consigo los lleva. Vive de raíces amargas, conversa con demonios, llora un llanto lustral. Sabe que él es un porqué que huye.

De noche duerme mal como música enterrada, como pata de caballo. Presiente un final de luz nacida sin manos, de olivo conteniendo en su follaje la palabra luna. No sabe si entregarse, pobrecito, siente un temor de colibrí detenido sobre una aguja de hielo.

¿Dónde, dónde, a la vuelta de qué fulgor, en qué  alambrada sin llano quedó el ojo de su padre? Sabiéndose perdido mira la redonda tierra mojada por la aurora y ríe un poco. Pero corre, corre, como decir, la vida fue un dolor, yo soy su canto.

(En el original aparecen dos secciones en cursiva, las que aquí aparecen en negrita).

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