Te amo*

*Aplican restricciones.

(¿Y pues qué esperabas?)

He estado procastinando al por mayor para no escribir esta entrada. Pero todo buen procastinador (especialmente estudiantes de posgrado) sabe que llega el momento: el tutor te manda un correíto de esos: espero sus resultados el lunes. Es domingo por la tarde y no es humanamente posible leerse X cantidad de artículos, analizarlos y presentar evidencia de algo que uno pueda hacer que ni siquiera sospecha qué podría llegar a ser. Pero todo buen procastinador sabe salirse con la suya.

A mí no me ha llegado ningún correo de ese tipo (todavía), pero como no quiero pasar los próximos 40 años de mi vida investigando para la tesis, debería quitarme las cosas que me roban la paz. Una de ellas es esta entrada: me anda dando vueltas de hace un buen rato y ya es hora de sacarla. Lo otro fue que me puse a explorar algunas cositas de wordpress y el que busca encuentra y el que no necesita buscar encuentra lo que no debe encontrar y pues di con esta entrada sobre cómo medir si una relación de pareja es sana. Admito que hice clic por puro morbo porque con ese título no prometía ser nada mejor que algo encontrable en la revista “Cosmopolitan”.

Si la leyeron se dieron cuenta que no está tan mal como esperaba… Esa adorable tendencia mía de ser fatalista. Lo admito, trato de ser un persona postiva, animo a mis amigos cuando andan de capa caída (a veces sin éxito alguno), pero yo,  indudablemente, tengo un acercamiento a la vida un poco fatalista. (Un amigo me sugirió que debería de trabajar en el departamente de medición o evaluación de riesgos del INS o Instituto Nacional de Seguros…. y lo estoy considerando.)

No puedo garantizar que el autor de esas palabras sea ese a quien se le atribuyen. En todo caso, adoré el plano intelectual. Pero, a pesar de lo lindo que suena eso de que no tenemos que ser iguales, pero como cuento de hadas no nos vamos a entender, para fines prácticos no funciona del todo bien. Por ejemplo, yo y un religioso no hay forma en esta tierrra en que podamos entendernos en un plano sentimental: de agnóstico para arriba, menos de ahí yo no puedo, ni podré; a mí nadie nunca más me llevará de rastras a ninguna iglesia, jamás. O llamo al 911 y grito como desesperada o mando una carta a la ONU indicando que mis derechos humanos están siendo irrespetados. Pero queridos amigos, si ustedes deciden casarse en determinada iglesia, yo iré más que gustosa, sé respetar y comportarme. (¡Mientras no me casen a mí, se los advierto!)

En cuanto al terreno emocional de la mencionada entrada… Ese es más complicado todavía. Mis humores, percepciones, valoraciones y decisiones varían en el mes. Y LO PEOR ES QUE NO PUEDO CONTROLARLO. ¿Saben cuán frustrante puede ser eso? Uno quiere ser coherente y… la biología se pasea en uno.  Me pregunto realmente si el escritor ha tenido una relación con una mujer. Empiezo a dudarlo.

Lo que más me preocupa es esta línea: “No nos encerraremos en una relación exclusiva, sino que iremos agregando a nuestro cariño el cariño por nuestros hijos, por nuestros parientes, por nuestros amigos…” Yo solo tengo una pregunta… ¿es ahí donde se incluyen los amantes? Que yo sepa muchas relaciones se basan en ese principio de exclusividad y si lo eliminamos qué nos queda… ¿poliamor? A mí me parece un ejercicio demasiado cansado y oneroso.

Algo que me ha gustado mucho es esa proclamación de la necesidad de independencia y de respeto de espacios… Mi pregunta ¿es eso realmente lograble? A ver, para lograr semejante grado de confianza o uno tiene que ser quinceañero enamorado en primeras nupcias, tener más de setenta años (y que ya no te importe nada) o simplemente un ingenuo de esos, de calidad de exportación. O estar enamorado, muy enamorado (y que ojalá te correspondan de igual manera).

Hace como un mes  me encontré con esta imagen y la adoré (tiene un poquito de cinismo… por aquello de los lectores suceptibles):

Por si la miopía les afecta la visión, como a mí, lo que dice la foto es:

TE AMO*
(*) Frase sujeta a fluctuaciones hormonales  (eso es totalmente cierto, yo misma lo he experimentado, ya se los mencioné arriba), variaciones de interés, participación de terceros y cambios de acuerdo a la oferta y demanda del mercado. Infórmse sobre la tasa de fidelidad efectiva a través de fuentes confiables. Infórmese sobre el nivel de participación del deducible (ex). La frase no garantiza estabilidad ni en el corto, mediano ni largo plazo, asumiéndose absoluta responsabilidad de las partes el nivel de expectativa asociada. La frase no representa necesariamente la idea de que el titular tenga de ella y su pronunciación puede estar condicionada a tasas de costumbre, obsesión, miedo o dobles inteciones. En caso de que la frase se use en un contexto de penetración temprana se recomienda dudar de su validez del mismo modo en situaciones que involucren alcohol, drogas, depresión, sonambulismo y/o menores de 24 años. De no cuplirse los requisitos copulativos, se pondrá en serio riesgo la vigencia del titular y nada garantiza su continuidad en caso de dejar a libre disposición de la contraparte, fuentes de información como e-mail, redes sociales y/o celular. Términos sujetos a condiciones de renovación.

Más de uno después de leer esto estuvo a carcajada limpia. Más de uno se sintió ligeramente humillado. Más de uno se sintió representado.

¿Pero qué se piensa cuando uno dice “Te amo”, qué se supone se debe sentir? ¿Hasta cuándo es válido? ¿Cómo decirle al otro sujeto, alguna vez, de nuestro amor que ese sentimiento mutó como camaleón? ¿Es un contrato para la posteridad? ¿Cómo escapar de ese imaginario de Corin Tellado y Hollywood? ¿Será que necesitaremos de la prohibición, a lo Kristeva, para poder amar? ¿Será que nuestro condicionante biológico supera la humanidad de entre las orejas? ¿Cómo leer esa frase “TE AMO” entre líneas, la lectura más dolorosa para un Romeo o una Julieta empedernido? ¿Es el amor romántico una cosa extinta como los unicornios? ¿Damos lo mismo que exigimos? ¿Sabemos cuándo dar un paso atrás, sabemos leer cuándo enamorarse es un no rotundo?

El problema del amor es que enamorarse es saberse frágil, es exponerse, es dejar que algo por encima de nosotros nos gobierne (¡hola, dopamina!). Esa exposición y esa fragilidad nos dejan tan inútiles y tan desarmados… Algunos no se reponen, pero el maquillaje ayuda, sea cual sea su marca o estilo favorito.

Que no hagan negocios con nuestra necesidad y nuestra fragilidad.

El amar, en secreto o en voz alta, definitivamente no constituye un contrato para la posteridad. Nada es para siempre, ya lo decía Sabina: “qué poco dura la vida eterna, por el túnel de tus piernas, entre Córdoba y Maipú.” Pero aceptar esa frase y corresponderla es nada más que un acto de fe, de darle la espalda al Tánatos por unos segundos, los que duren y ver las Keres a la distancia. Y pues ante cualquier acto de fe genuino, yo no tengo ningún argumento en contra.

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