Sobre el fin del mundo o navidad (básicamente lo mismo)

No vayan a creer que estoy buscando hierbas sospechosas del patio de la casa de mi madre.

No crean que fui al Mercado Central a buscar el perfume de siete machos, o el jabón que promete que la properidad crezca como el moho o la mala hierba en este lado del mundo. No. Para el fin del mundo no tengo ninguna provisión porque simplemente no soy tan suertuda como para que este mundo se acabe mañana o técnicamente ya, puesto que ya es mañana en otras partes del mundo.

En todo caso, tenemos un programa de actividades para mañana. Lo bueno es que no tengo que madrugar y creo que no les importará que asista en pijamas.

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Ya saben lo que muchos opinan de Arjona…

Gracias a Alberto Montt por tan generosa contribución al humor negro, irónico e irreverente que uno necesita en español, los lunes por la mañana.

 

El caso es que el fin del mundo, y de ahí el título de esta entrada, se parece mucho a los días previos a la navidad: es un caos total donde reina la ley del más fuerte, del más alto, de la madre más agresiva, de la que tenga más hijos y peor maquillaje, peinado y atuendo. Gana el que gaste más y aparente que es un rico venido a mejores épocas luciendo las piernas arratonadas de su novia de turno montada en tacones de 15cm Eso duele, te lo garantizo.

Yo, muy honestamente, no tengo problemas con eso. Mientras no me metan un codazo en los riñones como el niño malcriado que quería subir de primero al bus. Andá, corré que te deja el chofer, al menos no tengo una madre que me meta pellizco. Ana 1, niño con codo biónico 0. ¡Ja!

Para ser honesta, mi apatía en esta navidad ha tocado niveles insospechados: ni siquiera he comprado un regalo para nadie. (En algún oscuro lugar de mi alma espero que el mundo sí se acabe y pronto).  En casa no hay decoración navideña desde que dejé de ser una niña y este año… solo quiero que se acabe este año.

Puede que el mundo no se acabe, es decir: vamos a seguir quejándonos de nuestros políticos, manifestándonos en las calles, ligando en los bares, jugando con los hijos, queriendo más (eso depende de su definición de querer), comprando la comida con mirada de tristeza al ver que la cuenta decrece, desearemos viajar más, tener más tiempo para dormir y cuando nos sobre ese tiempo simplemente no sabremos que hacer y aquí agregue en la lista lo que quiera porque seguiremos siendo seres humanos.

Pero pase lo que pase en estos días, al menos tenemos una excusa para ver a los amigos y pasarla bonito un rato.

Para que el fin del (tu) mundo te pille bailando, lejos de la taconuda en zancos para que no te majen el callo o el juanete. ¡Salud!

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