¿Qué querés?

Un amigo en el facebook publicó este comentario titulado “Lo que quiero ahora” de Ángeles Caso publicado a principios del año pasado en la Vanguardia.com

Así, a grandes rasgos me parece que lo que ha escrito la señora Caso es sencillamente acertado y hermoso. Resumo lo que me parece rescatable, copiable y adaptable a mi propia circunstancia:

“O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio.”

Estoy totalmente de acuerdo con esto. No sé si ya habré vivido las suficientes horas buenas y horas malas, pero sí que me han tocado muchas. Sí que siento que ahora ya puedo poner no solo las cosas en su sitio, sino que ya sé dónde está el sitio de muchas cosas y de las otras, que no tienen sitio, es que ya no las tengo. 

 

“Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece.”

Solo cuando lo has perdido todo y te reconstruyes de una forma limpia y honesta es que sos capaz de entender realmente qué es importante.

 

“Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada.

Totalmente identificada, nunca antes en la vida había deseado tener tan poco.

 

“También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.”

 

Uno de los cambios más grandes que experimenté al irme a vivir sola a la montaña durante tres meses en un campus universitario fue el reencontrarme conmigo misma, aprender a ser feliz con muy poco, a apreciar la belleza de las cosas simples, amar mi soledad y mi espacio, a apreciar a mis amigos y a extrañarlos desesperadamente. Pude encontrar paz, pude darme cuenta que nunca tendré mucho dinero porque siempre lo gastaré viajando, comiendo y comprando libros. Pude ponerme a mí misma en mi lugar, sopesar las penas, llorar los muertos, enterrar sus cadáveres. Y así, sin darse cuenta, me sentí libre. Y esa libertad no tiene precio.

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