Llévate todo, pero no la paz

Sabrás mi nombre: me has dado una parte de él. Al principio o al final; en el medio: pura convención social, pero no creas que está ahí porque quiera, es que no tengo más remedio; toda mi vida bajo esa identidad y no pretendo deshacer todo el camino andado para borrarte: no tengo tiempo para perder en el Registro Civil. Que falta más que lo vivido, que falta más.

Sabrás cómo era yo de pequeña, quizá me viste dar los primeros pasos, quizá te dio alegría y un poco de ilusión, a pesar de que te sentías muerto para los cuarenta. Quizá no recordás nada de eso, la atención dirigida en algo más.

Quizá recordás cómo era de pequeña y eso es todo lo que te llevarás contigo. Quizá por eso es que siempre tienes fotos de mí cuando mis ojos solo tenían preguntas sin reproches y mis manos cabían, las dos juntitas en la tuya; porque luego ya no supiste quién era yo y cansé de rogar y me cansé de pedir y me cansé de llorar las horas vacías y me cansé de esperar: así uno aprende en la vida que hasta la gente más cercana te falla, te fallará, te mentirá y lo volvería a hacer, una y otra vez. Vos fuiste el primero de una larga lista de puertas cerradas en seco, de metales fríos por la espalda. Fuiste el primero en traicionarme y eso, quizá no pueda perdonártelo, pero no me interesa regalarte un poco de paz. Poné un poco más de sal en esta herida, no vayas a dejar que se cierre.

Sos un pobre diablo.

Llévate todo, pero todo, todito todo: los papeles, los apuntes, las facturas, los horóscopos, los calendarios de fútbol, las medias, los huecos, la sombrilla rota, las mentiras, la pena, la lástima, las deudas, el cansancio. Todo, por favor, de menos no te vamos a echar. Mejores cosas habrá para ocupar las horas vagas en el sofá, al menos yo no tendré el péndulo de la culpa sobre la garganta. Que no quede nada, que no se vea tu rastro. Que al cerrar esa puerta no podás cruzarla nunca más. Que no nos encontremos, que no nos miremos.

Empaca los recuerdos que te gusten, tu versión de la historia, el saco de mentiras, el odio y las lágrimas.

Empaca los meses de silencio y los muchos que vendrán, porque yo, tu hija, no planea volverte a hablar.
Nunca más. Me declaro en horfandad y vivir como si nunca hubieras existido, como he hecho toda esta vida.

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