Tiquetes aéreos… algo así como la felicidad

Empecemos con una confesión: me encanta comprar tiquetes aéreos.

Me encanta meterme en los diferentes buscadores, agencias y compañías aéreas; cambiar las fechas, los lugares de llegada cuando sea posible y ante todo buscar el más barato. Encontrar lo caro es fácil y burdo: a mí me gusta ahorrar hasta el último céntimo en tiquetes.

El año pasado, muy a mi pesar, no pude hacer ninguno de estos viajes. Pero fue un año bien complicado. Así que este año compenso y con creces.

Mi mejor amigo se casa… Muy lejos de casa, ¡en Hungría!

 

Y ya tengo los tiquetes listos para ir.
Y voy a ser testigo en la boda.

Que no nos quiten lo bailado, guapo.
¡Pero qué falta me hacés, en serio, qué falta!

Me he quedado huérfana para los helados de la pops, para comer donde el chino, para irnos a tomar las frías, para hablar de los problemas de la forma racional, para irnos a tomar un café, para dar los cursos de entrenamiento, para jugar video juegos, para cuidar la pecera, para compartir libros, para leer a Borges y Gonzalo Rojas, para hacer trabajos de la u juntos, para que me deseés un feliz cumpleaños, para los no abrazos, para reírme de lo despistado que sos,
para ser tu hermanita menor.

Solo puedo decir que me alegra montones saber que estoy a dos meses de volverte a ver.

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