San Luis de Puntarenas (Monteverde), toma dos

2013-08-06 14.17.48Sí, toma dos, porque he vuelto y aquí es donde empieza la gran aventura de este año, como si este año no fuera una completa aventura.

Estuve acá tres meses: desde mediados de enero a principios de abril. Ahora he vuelto, pero no a hacer de profesora, si no más bien a hacer de traductora/ intérprete (ay, como si yo tuviera ese soñado C2 en inglés, pero les prometo que estoy haciendo mi mejor esfuerzo) con una chica que está recogiendo los datos para su trabajo final de maestría de la Universidad de Georgia. Ha estado no solo interesante, y muy  entretenido: claro luego de estar toda la mañana dele que dele, les juro que me dolía la lengua, así que en mi dencanso la meta era no hablarle a nadie: me encerré en el cuarto.

Ayer me sentí perdida en algún punto de Finca la Bella, un lugar donde viven varias personas pero, a ver… No es que vivan una casa seguida de la otra, no. No es que sea un finca en la acepción nuestra: es una gran (enorme) porción de tierra donde viven varias familias (una gran región ha decidido conservarse, de manera que nadie vivirá en esa parte).  En esa “finca” hay desviaciones, que doble a la derecha, que después de la bajada, que ah… Ahora entienden porque es tan fácil doblarse los tobillos (bueno no todo el mundo tiene los tendones tan flexibles como los míos, pero nunca ha sido una excusa para estarme quedita, eso es algo que yo simplemente no sé cómo se hace ni para qué sirve) y ahora ustedes entienden también por qué tengo esas botas de niña exploradora: de otra manera sería imposible y más ahora que estamos en la época lluviosa. Mis puntos de referencia, aunque no lo crean, empiezan a ser las montañas y algunos árboles. A veces, alguna planta con flores…  De la investigación en sí y de la chica no hablaré tanto, por obvias razones, pero ha sido maravilloso:

1. Volver

2. Poder colaborar con este proyecto.

Empezamos por el final como las historias que me gustan: poder estar presente en las entrevistas me ha permitido tener una comprensión más amplia de esta comunidad y de amarla aún más: esta es gente que trabaja, que colabora, que se reúnen y trabajan juntos. Ellos no están esperando a que un gobierno o una municipalidad les dé la solución a sus problemas. La comunidad de San Luis es, bajo todo el término de la palabra, una comunidad y de las que se respetan y que con mucha honra pueden ostentar esa bandera. Las personas tienen muy integrado eso de que si naciste aquí tenés una responsabilidad con ese lugar que te vio nacer y con las personas alrededor tuyo. No se trata, como se podría pensar erróneamente, que persiguen un fin o un objetivo individual teñido por el lucro, todo lo contrario: esta es gente que dona su fuerza de trabajo, comparten conocimientos y logran arreglar los problemas de su propia comunidad y de otras comunidades cuando sea necesario: así es como unos niños en una comunidad de extremada pobreza en la zona norte del país, ya casi llegando a Nicaragua, probaron el helado por primera vez (helado que acá es delicioso, vamos con la producción lechera de esta zona, todos los productos lácteos son muy buenos) y entre ellos se organizaron, consiguieron los materiales para construir una casa humilde, pero casa al fin, les donaron ropa y zapatos.

Aquí la generosidad está está en los genes, se respira, se vive, se practica activamente y se cree en ella: un mundo mejor es posible si estamos comprometidos en trabajar  para lograrlo porque tenemos un objetivo común. Parece que no todo está perdido. Este pueblo es el mejor ejemplo: aquí no se esperaron a que llegaran las cuadrillas del ICE electrificaran: ellos se pusieron hacer los huecos para los postes, cargaron los cables por los senderos y las montañas. La pavimentación de la calle principal que comunica San Luis con Santa Elena, el pueblo más céntrico en Monteverde fue pavimentado entre miembros de la comunidad y la Universidad de Georgia (y yo que he subido y bajado ese camino 9 veces: cuatro de subida y cinco de bajada, le cuento que es bien complicado, empinado y de donde sacaron la piedra y el material hasta ponerlo en la calle implicó un trabajo de gente verdaderamente comprometida).

¿Ahora me entienden cuando digo que este lugar es hermoso? No solamente el lugar, con su geografía, sus animales, sus paisajes, su comida… Es la gente.

“Cuando uno conoce a alguien de San Luis, uno conoce a un amigo.”
“Sabe, yo no soy de aquí, pero una vez que conocí San Luis ya no me quise ir.”

No es que haya pasado por un proceso de “coco wash” pero realmente, para medirle el pulso a cualquier lugar es necesario:

1. Salirse de los lugares turísticos.

2. Darse tiempo: para conocer, para preguntar, para integrarse, para darse paciencia a uno mismo cuando uno no tiene ni idea de lo que pasa, para enfermarsey volverse a curar. En el caso de algunos (no ha sido el mío, aclaro) enamorarse de alguien de carne y hueso.

3. Conocer a los lugareños: esa ha sido la clave en este segundo viaje: esta vez he hablado montones con la gente acá.

 

Regresar acá también tiene un sabor agridulce: pero el balance es más bien dulcete como la miel que le puse encima a las empanadas fritas con queso del desayuno de ayer (ajá varios gringos acá pusieron cara de qué cree que está haciendo hasta que les dije que lo probaran… Puedo asegurarles que tengo más adeptos en mi religión, ja!).

Es triste porque la última vez que estuve aquí había mucha gente a la que le tomé mucho cariño (los ves todo el día, todos los días, compartimos viajes, experiencias, enfermedades, sustos (como que te aparezca un alacrán en el hombro de la nada) comida, ideas, sueños, aventuras (y travesuras), nuestras frustraciones y la tristeza de extrañar a nuestros seres queridos… O nuestras comidas favoritas  ¿Cómo no encariñarse con la gente de esa forma, si tras de eso es gente súper querible?)

Pero, en términos generales, ha sido hermoso volver, por dicha, sin la frente marchita. La gente que todavía está acá me ha recibido, literalmente, con los brazos abiertos: los primeros dos días San Luis era una fiesta para mí, porque de verdad, no me faltaron abrazos y sonrisas y me ha faltado tiempo para sentarme con todos y poder conversar de verdad y tener, ante todo, tiempo de calidad con la gente.  Nunca me han recibido de esa manera en ninguna parte que no sea mi casa, así que San Luis tiene una forma especial de hogar para mí, aunque a veces yo sea tan extranjera aquí como las personas que tienen pasaporte distinto al mío.

La próxima entrada será un recuento de los momentos clave (chistosos o memorables) durante esta estadía 🙂

Como hoy:  finalmente vi el sol… Los últimos días en Chepe fueron de cielos nublados y aguaceros. Acá también, pero un poco más frío, ventoso y con sentido más cobarde para la aventura en cuanto a los animales que me he encontrado:

“Lección 239 del monte: cierre su maleta completamente si no la está usando.”

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