Abril pinta…

4 de enero. El sol deslumbrante y el calor no mienten: abril no tendrá por qué ser diferente este año. El sol y el calor nos darán  una excusa más para seguirnos quejando. Abril no ha empezado tarde y eso me recuerda que de nuevo a principios del año no llegar tarde será importante. Airear las sábanas, correr las cortinas y empezar el día con ropa cómoda, no vaya  a ser que un elástico mal puesto nos limite los movimientos marcando y apretando la carne humana que necesita un poco más de elasticidad textil. En mi caso, un par de zapatos cómodos son igualmente imprescindibles, pero cada vez se vuelve más complicado amalgamar mis ideas de belleza y practicidad. En abril, la comodidad no debería estar peleada con la moda. Abril o lo que es lo mismo, 4 de enero, es un mes en que asumo con perfecta dignidad mi condición de espectadora: con una taza amarilla con café y un río a mis espaldas, veo a la gente usar ropas que no sé si tenga el cuerpo para ponérmelas (secretamente quiero sentir esa textura cayéndome por los hombros desnudos), veo perros, gente haciendo movimientos extraños con sus cuerpos y aros alrededor de su cintura pero en definitiva sintiéndose mejor creyéndose seres humanos alternos y correctos. Puede que lo sean, a mí no me importa impresionar porque yo solo observo. Pero yo seguiré comiendo carne como se pronostica para final de mes. Hace sol, hace sol, hace calor; vientos moderados del este para mediados de mes. La comida del chino que decepciona levemente y sus baños que me dan miedo porque de todos los baños que he conocido en este viaje, solo me han logrado matar en uno, el de un restaurante chino. El cine y la política y el buen gusto no se compra pero se podría compartir: no hay nada nuevo bajo el sol, y eso será una pena porque como seres humanos no habremos cambiado para el cuarto mes del año; pero la nostalgia nos cubrirá los párpados con ese ungüento que nos imposibilita llorar como críos pero nos teje un nudo de sales en la garganta cuando descubrimos que ya no está: el supermercado, el amigo, el amante y solo queden, en mi caso, cuatro paredes vacías y sus cristales sin cortinas. Hacer fila, hacerle saber a los otros que no solo existe una fila sino que estamos en ella, hacerle saber al chofer del bus que nos queremos bajar. Hacerle saber al otro que no podemos con él, pero que lo necesitamos como un ancla ante este mareo circense: abril será mes para tratar de ser felices. Abril será así: de aventuras, de volver, de reencontrarse, de romperle las expectativas a alguien, de recibir mensajes que muy en el fondo esperábamos aunque nos desgastemos haciéndole saber al otro que la cosa no es así, esperando que nos llame, esperando que ese otro se dé cuenta de que estamos aquí y es que en abril podríamos sentirnos a la deriva con tanto calor y mareo. Se pronostican noches claras, flores brillantes, bailes y jolgorios pero para cualquier espectador extranjero se le pronostica confusión al no tener ni la puta idea de cómo se baila la música de ese circo, porque otra cosa más que un circo no podría ser.

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