Osa maravillosa

Día 1
Viajar. Levantarse temprano, ponerse la chaqueta que no volverás a ver hasta que regreses. Dormirse y por el parabrisas del carro kilómetros y kilómetros de carretera. Un búho, monos aulladores, varios pájaros, los árboles cortés en plena floración dejando alfombras de flores amarillas. Hay tantos sonidos en la noche… El silencio o lo más parecido a eso únicamente al medio día.

Día 2
Empezar la jornada antes de que salga el sol. Es mi cumpleaños, pero estoy fascinada con la sensación de tener una tortuga verde recién nacida en las manos. Verlas irse, cruzar los dedos para que regresen. Caminar por los senderos, ver un murciélago soñoliento y las lapas en dúo volando en libertad. Ver monos ardilla, cariblancos, araña y aulladores: todos en un día. Sumergirme en el río y conversar con un español que no quiere regresar. Muchos relámpagos, llueve.

Día 3
Otro cumpleaños y más monos ardillas: dos hembras llevan crías en la espalda. Recoger semillas en el bosque y perseguir a dos lechuzas. Caminar por la playa de noche y sentir ese olor a mar y esas olas que revientan a lo largo de la playa. Que no nos salga una serpiente.

Día 4
Levantarse, pero con luz. Ir hasta el pueblo más cercano y embarcarse a perseguir delfines. Hacer snorkeling en el Golfo Dulce, una herida en un pie y que los tiburones no huelan la sangre. Sentir fascinación con tantos delfines alrededor, es que parecía que podía tocarlos. Una tortuga, una mataraya. Una medusa en mi hombro. Calor, por mucho el día más caliente y fotografiar monos ardillas sentada en el zacate. Ver la combinación de nubes negras y atardecer.

Día 5
En esta época seca, bien seca no se pueden sembrar árboles, pero sí que terminamos contando los que ya habían nacido: ojoche, corteza amarilla, guanacaste… Rellenar bolsas con tierra para que luego siembren las semillas ya germinadas. Pero esta tierra es tan seca, tan árida. Regresar y tomar una siesta, despertarse porque hace un calor ingobernable.

Día 6
Tostadas francesas. Playa. Demasiadas rocas y aún con la marea baja es complicado ver el fondo y yo con este pie medio adolorido, las rocas no se sienten bien. Bloqueador, boca abajo, mojarse, más bloqueador, boca arriba, caminar por la playa, regresar, más sol, boca abajo, boca arriba y mojarse por última vez. creo que no he fracasado en la misión de broncearme, pero parezco un mapa de carreteras. Sentarse con las señoras, huir con el mexicano a la playa. Cambiar de chofer, la hielera en la parte de atrás. Aprender lo que significa “Tide pool” y sumergir los pies con los pececillos. Tomar fotos del atardecer y de la playa y de las olas rompiendo contras las rocas hasta que se acaba la batería. Regresar, rocas como alquitrán. Cenar, el pescado frito no espera y escaparme. Muchos kilómetros después y un tobillo torcido y demasiada arena y conchas en los pies no quiero hablarme más a este españolito. Solo trazos de tortugas de la noche anterior, pero esta vez no tuve suerte. Caer muerta en la cama, justo antes de que hoy sea mañana.

Día 7

Hora de regresar, no a casa; a las montañas.
Un baño, empacar. Un tucán, una lapa, un oso perezoso, la lechuza, varios monos. Hasta pronto Osa.

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