Facebook: de la diversión al odio

En aquellos tiempos, de piso de cerámica porosa, espacios pequeños, paredes gruesas y luz artificial, abrí mi cuenta de facebook. El fin era uno: manterse en contacto con la gente que irremediablemente se iba a vivir afuera. Desde entonces, con ese propósito he ido agregando gente, bloqueando otra tanta, eliminando o simplemente no contestando algunas solicitudes de amistad; así como también he estado del otro lado: verme eliminada, bloqueada o rechaza con toda la carga emocional que eso implica, hacia cualquier lado de la barrera, para bien o para mal.

En ese momento, por allá de la década pasada, todo parecía seguro y, más que todo, acogedor. La idea me resultaba novedosa y muy práctica: ya no precisaba escribir aquellos correos largos o esperar a que la otra persona se conectara por algún otro medio (como un chat) para sentirnos conectados y parte de una misma red humana.

Sin embargo, mucho ha llovido, mucha otra agua ha pasado por debajo del puente, mucha más está por venir y yo sé que llover sobre mojado está de más, pero facebook simplemente ya no es lo que era antes y para mí tiene sus días contados. De aquellos ingenuos momento de intimidad compartidos, pensaba yo, únicamente por quienes consideraba mis amigos cercanos hasta saber que mis datos y todo lo demás podría ser, no solo usado por una compañía, sino en mi contra. Entonces, de claro pasamos a grises y la cosa empieza a ponerse negra como mi estado de ánimo cuando veo ciertos comentarios o estados ajenos.

Creo que la gota que derrama el vaso en mi caso son dos: las elecciones presidenciales de mi país y la gente que está en mi red. Lo primero eventualmente pasará, no necesariamente el día de las elecciones. Eso no quita que ya me tiene harta, cansada ver que las fotos de los perfiles de mis amigos están llenas de colores políticos: a mí me interesa verles la cara y no su manía de gritarle al mundo su decisión electoral como si con eso algo cambiara en la economía, la alimentación, la educación. Qué dicha usted que ya se decidió por un partido, por un voto, por un futuro representante para este país, pero déjese la opinión para usted, a menos que alguien le pregunte sus razones o motivos. Me tiene sumamente cansada que la gente reproduzca lo que otros quieren que creamos, repita los miedos, contagie con sus inseguridades o se base en un discurso de autoridad de quien tiene las siete llaves de la sabiduría colgando en el cinturón.

De lo segundo que me tiene harta de Facebook no estoy segura que pase. Me he cansado de mantener relaciones de amistad que solo se basan en soporte electrónico. A medias. ¿Eso es realmente la amistad? Porque de ser así, a mí me han estafado. Puede que se haya banalizado la importancia del contacto y de la comunicación, de invitar a un amigo a cenar, de comprarle un dulce en la tienda de la esquina: con tantos chats, aplicaciones y redes sociales nunca me he sentido más desconectada de todo y de todos como ahora. Creo que si yo estuviera hecha de bits y no de tanta humanidad entre pecho y espalda, la cosa no estaría tan mal.

Sumado a la desconexión y ambigüedad propios de estos tiempo hay que agregarle tener que ver cosas que uno no quiere ver. Supongo que lo más obvio sería eliminar todo lo que no quiera ver, pero terminar las malas relaciones es tan fácil como terminar la Sagrada Familia: ahí siguen dándole… Como ustedes ya saben, por mis no creencias religiosas, por mis no creencias alimentarias y por otras no creencias que no comparto con un montón de gente me resulta imposible y bien cansado lidiar con toda persona aquella que quiera: hacerme creer en dios, hacerme dejar de comer carne (ambos grupos comparten la misma estrategia: la culpa y el hecho de que obviamente estás equivocada con tus decisiones personales y por lo tanto estás mal, lo cual se arreglaría si te convirtieras con la quincuagésima foto publicada para convercer de que te unieras a esta misa/ culto/rezo/ adoración/vegetarianismo/veganismo), hacerte sentir como si yo fuera el peor ser humano solo porque he decidido tener un punto de vista diferente. Ojo, que yo no pregono que se conviertan en ateos ni que coman carne.

De aquellos albores de Facebook poco queda: sobra la publicidad, el constante cambio de formato y apariencia, el eterno dilema de cuán privado o no es mi perfil, las listas, el que completes tu perfil con toda la información que a nadie le importa…

Entonces, aquel fin de mantener el contacto ya no es tal. ¿Qué vas a hacer Facebook? ¿Cuánto más tiempo tengo que perder navegando en tu página y páginas, perdiendo medio hígado en el camino?¿Cuál otra necesidad vas a crearme?  ¿De cuál forma voy a palear esa necesidad que justo ahora me regalas?

De la diversión al odio está plagado el camino de muchas relaciones y redes sociales. Facebook no será una excepción y yo dejaré mi cuenta pronto, muy pronto.

Palabras, palabritas, palabrotas

A más de uno con ese título se acordó de esta canción:  (Una conocida turca se sorprendió de saber que existía una versión en español de esa canción. Yo estaba sorprendida de que la hubiera en turco, y bien que la cantó.)

Yo confieso, ante vosotros hermanos y no hermanos, que a mí me gustan las palabras, me las como todo los días, las veo crecer, las acaricio y a veces las hago trizas. A mí me gustan las palabras, me hacen sentir humana y terrestre: limitada. Habrán cosas que solo podré decirlas en español, el inglés me sigue pareciendo algo meramente utilitario y no una lengua para amar, por ejemplo. Algunas palabras son dulces, otras son fuertes, otras contienen en ese sonido la profundidad de su sentido. Otras crean, otras destruyen y todas tienen esa doble cara a lo dios Jano. La gente se las apropia, las crea conforme aparecen nuevas cosas que deban ser nombradas y se sienten con derecho a eliminarlas o al menos intentarlo al censurarlas. Como si pudieran.

Palabras que adoramos censurar son las mal llamadas “malas palabras” y no sé bien todavía por qué son malas. ¿Es, acaso, porque no fueron a la escuela, porque inhalaron cocaína hasta morir, porque no confesaron sus pecados, porque les importó un bledo la autoridad, porque no recuerdan, sin remedio, lo molesto que puede ser esto de llevar la humanidad a cuestas?

Pues la verdad no sé, pero irritan y así se publican noticias como estas que me saludan en el desayuno de un simple té en agua hirviendo: una presentadora de televisión dice una mala palabra y pues la población entera se polariza en si está bien (en una posición de aquién le importa) y la otra que no solo está mal, está pésimo, y exigimos su cabeza.  Si tiene curiosidad y ánimos para leer una pésima nota periodística (pues eso de que el periodismo debía ser objetivo e informar por aquí no llegó), adelante, este es el enlace.

A mí, la verdad, me tiene sin cuidado qué diga una presentadora en un programa de este tipo. Ahora bien, entiendo perfectamente que el contexto determina muchas cosas (todo) y pues, sí uno no puede decir malas palabras en un espacio televisivo, asumo que en un horario donde los niños podrán escucharlas como también las escucharán de la boca de sus padres luego de la borrachera del 31 de diciembre.

Pero lo que me irrita es que la gente arme un lío por esto. Yo lo que pienso es… ¿no hay asuntos más importantes de qué ocuparse? Los casos de corrupción están ahí, millones de colones se han desperdiciado en chorizos y cochinadas mal hechas durante esta gestión presidencial. Las tarifas de los servicios públicos suben, somos un país con reputación de putas y drogas (no se me olvida la primera vez que vi a dos indigentes desesperados, enciendiendo la pipa en media calle y no se me olvida la mirada de esa chica, mucho más joven que yo, a la entrada de ese hotel (burdel) ), las elecciones se acercan, los impuestos no los veo reflejados en casi nada, la desigualdad social se acrecienta, la educación pública está en crisis (como casi todo en todas partes), no se aplican ni siquiera los abortos terapéuticos y ya tenemos mujeres muertas para empezar la cuenta de femicidios este año… Y la gente casi que está dispuesta a derramar ríos de tinta por una mala palabra salida al calor del momento. No seamos más papistas que el papa y ocupémosnos de temas y asuntos realmente importantes, trascendentales y no tan leves, pues esto ni nos hará mejores humanos ni nos quitará el respiro de al día siguiente. Ciertamente, se olvidará, como se olvida todo (lo banal y lo importante) y lo perdonaremos de antemano (para que las injusticias encuentren su justificación, su espacio y su perdón).

Los (famosos) propósitos de año nuevo

 

Serán famosos porque la mayoría de nosotros sabemos qué son. Incluso, su fama los trasciende: esa lista de metas y objetivos que escribirmos un pedazo de papel (ahora con el mundo digital en un blog, en evernote o en alguna aplicación para los teléfonos celulares o tabletas); pero, aunque el soporte cambie, siguen siendo lo mismo: una lista impregnada de optimismo, hecha a inicios de año pues tenemos la certeza (esperanza) de que seremos mejores humanos y trascenderemos ese lastre de pereza, falta de disciplina y defectos del año anterior por arte de magia; algo así como bajar 10 kilos de tamales, cerdo, rompope, queque navideño y licor comiendo lechuga como conejo deprimido. Queremos despedirnos de ese “yo” que no queremos ver y renacer como un ave fénix. Así de simple. O no.

El caso es que yo voy a hacer mi primera lista de propósitos de año nuevo. Voy a intentar de que sea realista.

  1. Organización: del tiempo, del espacio, del dinero. Esta es la clave para lograr lo que sigue.
  2. Viajar.
  3. Pero no solo viajar: planeo mandar propuestas de ponencias y talleres (ya tengo un congreso que me está haciendo ojitos, entonces, no es una meta falsa). Además, la necesito para mejorar el currículum.
  4. Planeo viajar, difrutando mucho, gastando poco dinero.
  5. Ir finalmente, a Europa. Tengo la excusa perfecta: una boda (no es la mía, hasta donde sé).
  6. Trabajar duramente en la tesis. Aclaro que no estoy diciendo terminarla, pero sí que avanzar lo que se pueda. De ahí va a salir al menos una ponencia en un congreso. ¿Ven que la cosa se pone redonda?
  7. Superar las tristezas amorosas del 2012 y años anteriores. Aclaro que no estoy diciendo encontrar mi nuevo amor, pues eso no depende enteramente de mí y quien sabe, esto de estar solo tiene sus severas ventajas (y desventajas también).
  8. Hacer más deporte: necesito tonificar y extender los año que me queden. Cómo voy a hacer esto. Fácil, yo no soy de gimnasios, pero sí de seguir instrucciones: grabaré videos y rutinas y las haré en mi nueva habitación en la montaña. Trataré de ir a carreras y demás, después de abril. Y en Monteverde, haré todo el ejercicio que pueda.
  9. Seguir escrbiendo en el blog. Esta es de hecho, mi primera entrada del 2013. ¡Por muchas más!

Y esas son mis metas de año nuevo. Por ahora, por lo menos de aquí a abril. Después de eso, ya hablaremos.

 

2013

No hay fiesta de fin de año sin esta canción, tan es así que hasta me alegra el corazón. Incluso logro ignorar la letra porque este año yo sí lo quiero olvidar con todas las de la ley. No dejó muchas cosas buenas ni muchas bonitas. Tampoco me quedó la chiva, la burra negra, la yegua blanca ni la buena suegra (porque ni siquiera tengo suegra).

En todo caso, yo no sé cómo, tal vez gracias a las travesuras de Pandora, nos queda la esperanza de que este 2013 sea un año mejor.

 

 

¡Feliz año nuevo!

Sobre el fin del mundo o navidad (básicamente lo mismo)

No vayan a creer que estoy buscando hierbas sospechosas del patio de la casa de mi madre.

No crean que fui al Mercado Central a buscar el perfume de siete machos, o el jabón que promete que la properidad crezca como el moho o la mala hierba en este lado del mundo. No. Para el fin del mundo no tengo ninguna provisión porque simplemente no soy tan suertuda como para que este mundo se acabe mañana o técnicamente ya, puesto que ya es mañana en otras partes del mundo.

En todo caso, tenemos un programa de actividades para mañana. Lo bueno es que no tengo que madrugar y creo que no les importará que asista en pijamas.

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Ya saben lo que muchos opinan de Arjona…

Gracias a Alberto Montt por tan generosa contribución al humor negro, irónico e irreverente que uno necesita en español, los lunes por la mañana.

 

El caso es que el fin del mundo, y de ahí el título de esta entrada, se parece mucho a los días previos a la navidad: es un caos total donde reina la ley del más fuerte, del más alto, de la madre más agresiva, de la que tenga más hijos y peor maquillaje, peinado y atuendo. Gana el que gaste más y aparente que es un rico venido a mejores épocas luciendo las piernas arratonadas de su novia de turno montada en tacones de 15cm Eso duele, te lo garantizo.

Yo, muy honestamente, no tengo problemas con eso. Mientras no me metan un codazo en los riñones como el niño malcriado que quería subir de primero al bus. Andá, corré que te deja el chofer, al menos no tengo una madre que me meta pellizco. Ana 1, niño con codo biónico 0. ¡Ja!

Para ser honesta, mi apatía en esta navidad ha tocado niveles insospechados: ni siquiera he comprado un regalo para nadie. (En algún oscuro lugar de mi alma espero que el mundo sí se acabe y pronto).  En casa no hay decoración navideña desde que dejé de ser una niña y este año… solo quiero que se acabe este año.

Puede que el mundo no se acabe, es decir: vamos a seguir quejándonos de nuestros políticos, manifestándonos en las calles, ligando en los bares, jugando con los hijos, queriendo más (eso depende de su definición de querer), comprando la comida con mirada de tristeza al ver que la cuenta decrece, desearemos viajar más, tener más tiempo para dormir y cuando nos sobre ese tiempo simplemente no sabremos que hacer y aquí agregue en la lista lo que quiera porque seguiremos siendo seres humanos.

Pero pase lo que pase en estos días, al menos tenemos una excusa para ver a los amigos y pasarla bonito un rato.

Para que el fin del (tu) mundo te pille bailando, lejos de la taconuda en zancos para que no te majen el callo o el juanete. ¡Salud!

¿Diciembre?

Admito que un 30 de octubre tenía un soberano antojo de comerme un tamal.

Spoon, el único lugar donde compro tamales a ciegas, sin miedo a decepcionarme, los empezaba a vender hasta el 1 de noviembre. ¡Chanfle! ¿Cómo se le explica eso a una panza antojada, melancólicamente adobada con la luz de una atardecer precioso? No se puede, simplemente.

Luego, ya, me comí el tamal. Podría asegurarse que la temporada navideña se había iniciado.

No.

Ni siquiera hoy que se ilumina el árbol del Hospital Nacional de Niños.

No.

Ni siquiera esta semana en que las reuniones de navidad se juntaron, todas, en una semana…

-Pero ¿y esto? ¿A qué se debe?

-Diay Ana, estamos acércandonos a los 10, la otra semana serán los veintes y ya… nadie está trabajando.

-(Cara de que no entiendo por qué llegar a los 20 puede ser tan problemático).

-Navidad, Ana, navidad…

Créanme. Yo sigo en un perenne octubre, en un noviembre antojadizo. Navidad, diciembre ni ninguna de esas cosas… No, no han llegado para mí y sospecho que no lo harán.

Esto a penas me sobresalta, levemente cuando lo oigo en la radio en un bus o en un taxi. Pero sí prometo celebrar el fin de año, a como dé lugar, porque este año merece morir.

14-N

Porque la solidaridad no tiene pasaporte.

Porque somos seres humanos y si algo debimos de haber aprendido en el colegio es que en un mundo globalizado lo que pase al otro lado del mundo a mí sí me debería importar, más si estamos hablando de injusticias. Que somos seres humanos, más allá de las fronteras, más allá de los idiomas: somos seres humanos.

Tomada del grupo en Facebook: También se quieren cargar el Cervantes. En el grupo se solicitó que las personas indicaran cómo se decía huelga en los idiomas que conocieran y este es el resultado.

Por eso, me siento identificada con la huelga general del 14-N (catorce de noviembre) que está sucediendo desde ya desde hace unas horas en Europa y en espíritu marcho por las calles: para que no hayan más recortes en educación, en investigación, en salud, en cultura. Para que no hayan más deshaucios, para que dejen de salvar bancos y salven a la gente: para que no haya más suicidios por gente sin hogar, para que no le mientan al pueblo. Para que no haya gente sufriendo de frío por dentro y por fuera. Para que se detenga los recortes, la necesidad de escoger quién cena hoy y quién no, para que no haya filas en Ikea donde venden menús o menúes baratos. Para que dejen de destruir los sueños de gente que quiere trabajar por su propio país. Para que no hipotequen el futuro de los jóvenes y niños. Por los derechos humanos, por la dignidad. Para gritar de una buena vez ¡basta! 

Muchos dudarán si se debe o no hacer una huelga de este tipo: no ir a trabajar, no comprar, no consumir. Algunos dirán que no, como se ve en este video (aunque curiosamente los que dicen que no son quienes se han encargado de llevar a los países a donde están: en un estado de ruina total). Pero muchos antes han puesto en duda huelgas anteriores y muchas de las garantías con las que contamos hoy se han ganando en la calle.

Si quiere estar informado de la huelga, el diario.es tiene en internet una sección con los detalles más importantes que están sucediendo ahora mismo.

Aprovecho esta entrada para que los colegas, profesores ELE, estudiantes y amigos del Instituto Cervantes firmen esta petición de no a los cierres y a los despidos en el IC.

 

 

Actualizo esta entrada, 24 horas después.

Me encanta la entrada que hace esta herediana en la página 89 decibeles.

Cosas que me encantan:

  1. Ella misma fue y comprobó qué estaba pasando… Uno de los problemas más grandes que tenemos que enfrentar ahora es la desinformación: no porque no la haya, sino porque no sabemos hasta qué punto creer lo que aparece en los diarios. La objetividad nunca ha estado tan débil como ahora.
  2. No tiene ínfulas polítologas de entenderlo todo. Yo tampoco, y pues al no ser española y en mi caso, al no estar viviendo allá comprender realmente lo que está pasando a ciencia cierta se dificulta aún más.
  3. ¿Qué deberíamos aprender nosotros ticos, mañana que hay marcha y manifestaciones?
  • Uno tiene que informarse: saber realmente por qué se lucha y para qué. Una de las principales fallas que tenemos es la poca memoria histórica.
  • Cuando la causa es justa, no hay grandes excusas para no ir.
  • Las marchas se hacen pacíficamente: no debe haber violencia, enmascarados.
  • Es necesario poner las cosas en perspectiva: la gente no se estaba quejando por los servicios de transporte, recolección de basura, transmisión por televisión o calles bloqueadas. Porque la gente tenía y tiene muy en claro que esos son situaciones minúsculas en comparación con los motivos para manifestarse y alzar la voz.
  • No se utilizan adjetivos para calificar negativamente a los manifestantes y rechazarlos desde el lenguaje.

 

Tomemos nota para la marcha PACÍFICA de mañana.

Mis apuntes sobre la crisis española

El origen…

Son meses que llevo de estar leyendo la palabra “crisis” por todas partes, todo el tiempo: en el desayuno, en el almuerzo, en la cena que casi nunca como. En la prensa, en la televisón, en los blogs y muros de facebook de mis amigos. En las conversaciones diarias, en las conversaciones mensuales. Créanme cuando les digo que yo no entiendo bien los orígenes de La crisis (como si solo hubiera una, como si fuera la única) pero las causas siguen parecen ser similares como las esporas de un helecho: burbujas inmobiliarias, préstamos, malas decisiones políticas y la lista sigue, usted agréguele, quítele, que el resultado sigue siendo el mismo.

Recuerdo la crisis del 2008-2009, la recesión económica gringa que a nosotros, en la escuela de idiomas donde trabajaba, nos afectó principalmente porque cuando hay que hacer recortes en las empresas, las claes de idioma son un lujo: no nos importa que usted no sepa la diferencia entre este y este pretérito, no nos importa que no sepa hacer una carta formal o que no apruebe su C1, hay que sostener la compañía. En ese momento  un amigo me dijo: “Ellos le llaman crisis como si fuera novedad, para nosotros ha sido nuestra forma de vida”.

A pesar de que por años yo siempre he estado al margen de la politica y de las noticias (más si son extranjeras), desde hace un tiempito para acá me ha dado por estar informada, entre lo que cabe y lo que se pueda rescatar de toda la manipulación mediática existente. Puede que el aplicar a una beca a Japón motivara poderosamente eso, por cierto, no fui seleccionada. Quizá tener un exnovio adicto a las noticias de todo el mundo colaboró también, leer para tener temas de conversación. Añadamos a esto que mis estudiantes o son diplomáticos (cónsules o consejeros políticos) o gente un PhD en algo… Saber es necesario para poder combatir mi cara carente de arrugas. Pero sin duda alguna, la necesidad de saber se hizo más que evidente cuando  La crisis tocó a mi puerta, pues soy una más de los miles de parados como le dicen en España o desempleados como le decimos nosotros: yo no me puedo quedar al margen. Uno no puede ser tan irresponsable y tan poco curioso ante lo que pasa.

Es cierto, esta pausa formal de trabajo no me ha sentado del todo mal: estoy aprovechando para investigar para mi tema de tesis que cada vez se vuelve más irreconocible (estoy en la fase adolescentil de mi tesis); además de que sé que sin un máster la cosa se pone más complicada a la hora en que quiera pedir trabajo; he podido dormir más de cuatro o cinco horas diarias (mi salud me lo agradece en puta), salir con los amigos más frecuentemente, tomar café en paz y por puro placer, he podido tener tiempo para vivir mi duelo laboral y sentimental, he tenido tiempo para decidir qué no quiero, tiempo para hacer ejercicio y leer, leer, pensar y pensar hasta el cansancio. Eso era algo que ya casi no podía hacer, pues sacando cuentas estaba trabajando tiempo completo y medio más… sin contar los picos académicos de fin de semestre y trasnochadas a  las 3:00am para terminar exámenes de Neurociencias. Eso no es vida, pero bueno, todos pasamos por eso.

El caso es que yo no tengo hijos, no tengo deudas (por dicha mis liquidaciones fueron lo suficientemente generosas para poder pagar y no cundir en el pánico) pero eso, lamentablemente, no es la norma. Los muros de facebook de mis amigos españoles  más si están en España y más si les ha tocado el bichito de la político y de la conciencia social están plagados de noticias y casi ninguna buena. Están  furiosos, están preocupados por la situación de su país. Yo me solidarizo con ellos, mal que bien son mis amigos y antetodo son seres humanos que están viendo cómo el país se les está yendo al caño.

Esta entrada del blog no pretende ser un análisis: no soy politóloga, ni economista ni mucho menos, pero sí pretendo poner junto la información que me he encontrado últimamente (alguna de meses atrás) sobre la situación en España. Quizá deberíamos poner nuestras barbas en remojo.

Desde un punto de vista más personal, en cuanto a la enseñanza del español como lengua extranjera, mi área, el Instituto Cervantes va a reducir el presupuesto en un 37% (unos 30 millones de euros menos) para el próximo año: y no nos olvidemos que ya planearon cerrar tres sedes: dos en Brasil, una en Siria, otra está en alitas de cucaracha en Hungría… En los comentarios de la gente se critican los salarios excesivos o inflados de los directores, algunos hablan de los miles de euros que ganan algunos profesores -vamos, todos los que estamos en esta área sabíamos de antemano que no íbamos a ser ricos, famosos o guapos- y demás… ¿Cómo está el arroz con mango? En realidad no lo sé, no tengo acceso a esa información y la especulación es un deporte humano. Como bien me dijo uno de mis amigos españoles ante la no descartable posibilidad de unirse a mi club de desempleados: “Lo único descartable somos nosotros, desgraciadamente.”

Lo peor, es que es cierto. Odio esto, odio que seamos objetos descartables como los cartuchos de tinta de la impresora, no importan los resultados, el esfuerzo, las ilusiones, las proyecciones, no importa que seamos seres humanos: ¿no hay plata? Se cierra. Punto. Y no haga caritas.

Justo ayer mi hígado se contrajo, cual nueva rutina adquirida: no era un estiramiento exótico de yoga, no… Era un noticiero nacional: en los titulares se anuncia que X cantidad de empleados públicos acaparan XXXXX cantidad de millones de colones en salarios; que tenemos la gasolina más cara de Centroamérica y que aún así se había gastando XX porcentaje más en gasolina en comparación con años anteriores. ¿Y con qué arrancó el noticiero? Con una entrevista sobre el partido de fútbol entre Costa Rica y El Salvador. ¿Costa Rica tiene posibilidades de clasificar con miras al Mundial en Brasil? Francamente me importa un bledo, pero bueno, hay que darles distractores a la población para que no piense que este país se está empezando a ir por la borda: lo estamos descuidando. Yo tampoco iba a disfrutar de ese partido. Bien lo dijo Ignacio Escolar, periodista  y director del eldiario.es: “Negar la realidad solo suele servir para agravar más las cosas”.

Esta actitud de avestruz, no nos está haciendo bien a nosotros: no tolero la pasividad del costarricense. No tolero que la presidenta decida contratar a alguien para mejorar su imagen ante el pueblo (claro, lavar la cara del partido (Liberación Nacional) para que en dos años no le vaya tan mal en las elecciones).  A negar la realidad parece, a negar las críticas, a negar su responsabilidad en el asunto:   recordemos los informes de corrupción en contra varios miembros del gabinete, recordemos los millones de colones tirados asquerosamente a la basura en la trocha fronteriza con Nicaragua, recordemos el fallido plan fiscal, pero no olvidemos que pagamos impuestos a lo loco en el supermercado: ahora tenemos peras chilenas, gringas y españolas a un precio absurdo. Recordemos que la Caja está en crisis y con ella nuestra seguridad social, con ella ese principio de que la salud es un derecho universal y el juramento hipocrático, ¿hay un límite económico decisivo que determine cuándo alguien puede o no acceder al tratamiento médico?

Estamos en octubre, mes de preveción de cáncer de seno y no olvido a Amelia Rueda diciendo, hace unos años: ¿de qué nos sirven estas campañas si los mamógrafos están dañados, si las citas se programa para dentro de  uno, dos o tres años? ¿De qué nos sirve ponernos de rosa si no podemos salvar la vida de estas mujeres? Recordemos, recordemos… que nos falta memoria histórica, que no nos pueden seguir viendo la cara y tratarnos como niños pequeños que con cualquier excusa nos conformamos. No podemos hacer eso, que nos va a salir muy caro. En todo caso, cuando tengamos el agua hasta el cuello ¿a quién vamos a culpar? Es muy fácil eso le pasó a España, es muy fácil pensar, eso no me va a pasar a mí.

Una de las consecuencias quizá se verá en unas cuantas décadas… Al no haber posibilidad de encontrar trabajo o de saber que un salario de miseria no es lo que uno se merece los jóvenes de mi edad están emigrando. “España tiene varias salidas: por aire, por mar o por tierra.”  Esta generación, la perdida como le nombran ahora, ¿va a volver?, ¿quieren volver? Creo que la pregunta es… ¿podrán? Me parece terrible tener que llegar a ese extremo, pero comprendo la frustración de saberser preparado y que te ofrezcan un salario de hambre a cambio. La frustración, además, tiene dos vías: bien lo apunta este autor, padre por si las dudas, de ver la cuestión cíclica de la historia, de no poder ofrecerle un buen presente o futuro a su hija en la tierra que la vio nacer. Ya uno de mis amigos españoles pertenece a este grupo de facebook: “Yo pertenezco a la generación JESP (Jóvenes Emigrantes Sobradamente Preparados)”

Pero bueno, la población de ningún país es homogénea: hay sectores más vulnerables como son los niños, los adolescentes. ¿Qué ha pasado en Costa Rica con la becas de Fonabe y el lío burocrático que se tienen con el Banco Nacional? Es que me da asco: tanto que se vanaglorian los políticos diciendo que la sección del PIB usada en otros países para mantener ejército, en Costa Rica se emplea en educación, ¿ah sí? ¿Cuántos chicos dejarán las aulas porque hay que trabajar para comer? ¿Cuánto porcentaje hace que la pobreza sea intolerable?

Ojalá que nunca perdamos la democracia, ojalá que no dejemos de luchar por estados más inclusivo, más solidario. Ojalá que nunca perdamos la libertad de prensa, ojalá que no nos calle la voz, que no nos dejen más desinformados de lo que ya de por sí estamos: de hacerlo, mis días estarían contados.

Habiendo dicho todo esto, ya no hablo de España, ya no hablo de Costa Rica: estamos todos en el mismo barco, a continuación una serie de viñetas o caricaturas sobre la crisis.

Para terminar, transcribo lo que uno de mis amigos escribió, en julio de este año:

Me declaro en estado de revolución permanente. Me voy a protestar por Madrid porque en caso contrario tanta rabia junta me va a hacer daño en el hígado. No puedo quedarme quieto pensando en los parados más miserables, en los estudiantes que no podrán acceder a la universidad, en los inmigrantes condenados a una muerte lenta, en los negocios que no podrán pagar el IVA, en los mineros condenados al paro y al destierro, en los funcionarios que van a acabar con salarios de miseria como en Grecia (con profes pagados a 600€ y sino al tiempo). ¡Basta ya! ¿Quién se apunta al estado de revolución permanente?

Te contesto: yo

Día internacional de la niña

Imagen del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Costa Rica

Yo me iba a llamar Rodrigo, pero falló un cromosoma. Sí, mi mamá pensó que yo iba a ser varón. (Lo divertido del caso es que el novio de una amiga mía se llama Rodrigo, nació en Costa Rica y cumplimos años el mismo día y no estoy segura, pero al rato y tenemos la misma cantidad de vueltas al rededor del sol…)

Años después  le pregunté a mi madre que porqué me había puesto el nombre que tengo ahora, eso sí, en son de queja: el primero es una repetición de demasiadas mujeres -todas distintas pero repetidas y esa masificación nunca me hizo gracia- y el segundo porque me sonaba horrible… En ese momento, me contó de todas las posibilidades que se le ocurrieron, unas mejores, otras peores. También había un nombre masculino.

-¿Y por qué querías que yo fuera hombre?

-Para que no sufrieras como yo.

Uffff… esa respuesta no me la esperaba. Por un principio de lealtad que me atraviesa desde la coronilla hasta la punta de los pies no puedo contar con detalles exactamente a qué se refería mi madre, pero el caso es que hoy, primer Día Internacional de la Niña me he puesto a pensar que sí… si muchas niñas hubieran sido niños quizá estarían vivas, algo tan básico como eso.

Comentarios vi de gente que abre la boca apenas puede y no sé cómo desarrollan el arte de no comer moscas y mosquitos, quienes empezaron a quejarse de la estupidez de tener un día del niño (9 de setiembre) y ahora, las feministas (esas mismas que bogan por un lenguaje inclusivo, tema para otra entrada) quería tener un día para ellas (11 de octubre). Nada más alejado de la verdad.

El objetivo de un día como hoy es para que la gente se tome un minuto y piense, sí yo sé que está de moda no pensar, tragar, engullir información y no procesar. A ver…

  • ¿Cuántas mujeres mueren en manos de sus parejas día con día, hora tras hora? Pueden ser esposos, novios, parejas sentimales, exnovios.
  • ¿Cuántas mujeres, niñas y adolescentes sufren directa o indirectamente por la violencia doméstica?
  • ¿Cuántas mujeres y niñas y adolescentes son violadas cada día, cada hora, en manos de un familiar, un amigo, un novio, un esposo?
  • ¿Cuántas mujeres y niñas sufren de maltratos físicos y psicológicos?
  • ¿Cuántas mujeres, niñas y adolescentes han escuchado que no sirven para nada?
  • ¿A cuántas mujeres, niñas y adolescentes les han cortado la posbilidad de estudiar, de trabajar y de tener un salario digno?
  • ¿Cuántas mujeres, niñas y adolescentes sufren de mutilaciones genitales?
  • ¿Cuántas mujeres y adolescentes son consideradas impuras cuando están con la menstruación?
  • ¿Cuántas mujeres, niñas y adolescentes son objeto de la trata de blancas?
  • ¿Cuántas mujeres han sufrido quemaduras con ácido o lapidaciones para salvaguardar un honor familiar?

¿Cuántas, cuántas…?

De eso se trata este día… y no se cuentan con los dedos de las manos, no son decenas ni centenas, son millones de millones de mujeres, adoslescentes y niñas. Se trata de prevenir el abuso sexual y los matrimonios forzados, para evitar los matrimonios a edades tempranas los cuales interrumpen el proceso educativo, aumenta el riesgo de violencia y de abuso e impide lograr los Objetivos del Milenio, para reducir ese 29% de mujeres menores de 18 años casadas en América Latina,

Hoy se conmemora por primera vez el Día Internacional de la Niña, una oportunidad que los países del mundo tendrán cada 11 de octubre para evidenciar el vacío que existe para lograr eliminar las desigualdades de género entre niños y niñas,  así como reconocer los progresos realizados en la promoción de los derechos de las niñas. Naciones Unidas reflexiona este 11 octubre sobre el impacto negativo que tienen las uniones de niñas con adultos en el desarrollo integral de la niñez y la adolescencia. Fuente: Fondo de Población de las Naciones Unidas.

En específico se está haciendo conciencia sobre las uniones tempranas. En Costa Rica, cualquier matrimonio antes de los quince años es ilegal y cualquier relación sexual con un o una menor de edad es penado por ley. Sin embargo, hoy me encontré con esta noticia:  Registro Civil anula cinco matrimonios de adultos con niñas ticas y sí, un hombre de 40 años se casó con una niña de 13 años, sí en Costa Rica.

Obviamente estoy sesgada al escribir esta entrada porque tengo vagina y no pene, porque me ha tocado lidiar con “piropos” subidos de tono, miradas incómodas, chistes vulgares… Porque a veces hay que poner al macho masculino, o macho cabrío como le decíamos en Literatura Latina I, en su lugar. Pero, lo más importante de todo esto es ser consciente de todo esto, no verlo como a mí no me va a pasar, a mí no me pasó… De eso no se trata, si no te pasó tenés una razón para apoyar a quienes sufren y si ya fuiste víctima con más razón es hora de levantar la voz y apoyar a las otras víctimas y proteger a un sector tan vulnerable de la población: somo seres humanos al fin y al cabo.

Las mujeres deberían valorarse por lo que son, por lo que puedan y quieran hacer, sin comparaciones con un otro masculino u otra femenina, sin limitaciones impuestas por la desigualdad social como es el caso de esta estrada en otro blog sobre Malala Yousafzai y eso es algo que desde niña hay que tenerlo claro, para que nunca, nunca se nos olvide.

¡Feliz día niñas!