There’s a 5k run… ¿te apuntás?

Y me agarraron con las manos en la sopa… o en los ingredientes de la sopa para ser más específica.

Fotografía de Ana X.

Para mi defensa puedo argumentar que estaba haciendo balance para que las cosas se mantuvieran en ese orden bajado del propio cielo sobre el mostrador de la cocina y no en el piso, como es mi especialidad…  Tendré pocas habilidades innatas, pero derramar todo, absolutamente todo, es una de ellas. Y punto, se tiene o no se tiene: a mí me dieron el 85% de los boletos.

Si no me creen y piensan o sospechan que miento pregúntenle a Fernando cuando derramé media lata de “Canada Dry” en el piso de la soda, en la Facultad de Letras, UCR “PEEEEEEEEEERDÓN!!!! yo pensé que estaba vacía!!!!!!” Y mis ojos se abrieron un poquitito más de lo usual. (Y todavía, aún todavía, no sé cuántos años o meses después me la reclama. Ya sé que le voy a regalar la próxima vez que nos veamos, en Bulgaria o en la conchinchina).

Pues, sí… en mi defensa puedo decir que cognitivamente tenía mis procesos atencionales divididos: sopa, piso, Kahli, caja de chocolates belgas… Mi organismo no estaba ayudando con esto de la atención: las tripas sonando, seducidas por el olor de la sopa. Puedo garantizar que estaba preocupada por mi propia salud visual cuando se me ocurrió la peregrina idea de tocarme los ojos luego de haber desmenuzado unos chilitos picantes que yo misma había comprado en México ¡traidores! Puedo decir que ya había tomado cerveza y puedo garantizar que no había comido mucho: el alcohol y las funciones ejecutivas no son precisamente buenas amigas. Podría aducir a un déficit de atención severo.

El caso es que ante la pregunta de ¿te apuntás? Yo ni lenta ni perezosa dije que sí.

¿AH?

Sí, yo sé… Todavía no entiendo bien qué putas pasó entre la lengua y el cerebro. Yo, ALL, cédula tal, soltera sin primeras nupcias, sin vicios ilegales y sin alergias aparentes (había que poner alguna mentira), de buenas costumbres, capaz de decir malas palabras por 12 minutos sin parar,  adicta al chocolate, vecina de San Pedro y costarricense de nacimiento, firmó un contrato oral en el que se comprometía a correr una carrera de 5… C-I-N-C-O kilómetros.

-Fáiv ¿guát?
-Faív kéi. Una carrera de cinco kilómetros… Andre y yo la vamos a hacer, ¿te apuntás?
-Bueno, ta bien.

Luego, minutos después, con la pancita llena, el corazón contento, contentísimo (esa sopa estaba de rechupete y la cerveza alemana en descuento ni para qué… ajam… sí, en descuento, ni dos dólares por botella -al que le caiga el guante que se lo plante-), me empezó a caer la peseta…

Yo no hago ejercicio. Hacía, sí… tuve mi época de chica artes marciales, mi época de mujer nadadora, mi época de yoga y mi época, la del todo el mundo, de “no tengo tiempo ni energía para mover un solo centímetro de mí misma”. Luego me deprimí,  comí toneladas de chocolate de múltiples regiones del planeta (por lo menos un kilo eran 7 barras de chocolate ruso en diferentes modalidades) subí de peso y… cuando los pantalones se estaban encogiendo empecé a pensar de que hacer ejercicio era la solución. Obviamente, dejar de comer, no es una de ellas; ¿dieta? mi religió no me lo permite. En todo caso, cuando digo eso, volver a hacer ejercicio significa, practicar mis rutinas de estiramiento y hacer ejercicio en casa porque no soporto los gimnasios y, ciertamente, no me refería en ningún momento a hacer una carrera.

La preparación

No, nada, ni mierda… Soy experta en prepararme para cualquier examen académico, o no. Depende de la ocasión, un fino balance entre ser o parecer. Pero para esta carrera dejé los días pasar, procastinar le dicen en el bajo mundo. Absolutamente nada de ejercicio. A pesar de que me habían descargado una rutina de preparación para maratones en el celular: un adorable programa de nueve semanas que ni molesté en abrir: para qué, si quedan tres…

El día antes, el sábado, empezaron a los preparativos.

Ojo: “Recomendado de deportistas”. As far as I can see, I am not your target market…

Mañana no desayunamos.
(Empezamos mal… cómo me van a privar de comer, por el amor!! Pero lo entiendo, pancitas haciendo digestión no son buenas para la diversión.) Vamos a tomar un rico batido de “guey”.  No eran mexicanos triturados y pulverizados, era un botella que hasta coqueta resultó con muchas vitaminas y cositas de esas que no sé para qué sirven ni me interesa saber, pero ciertamente sus nombres son dignos para varios personajes de una novela de ciencia ficción.

La verdad es el susodicho batido sí sabía bien. Y eso que esos suplementos me generan una alergia emocional grave, digo, después de consumir cosas similares por dos semanas después de una operación de cordales… Y yo que no paraba de soñar con 250gramos de carne, caaaaaaaarne…

El sábado en la tarde, el día antes, lo que más me gustó a decir verdad fue caminar por el barrio de Ana X. Me enamoré de las casas, todas diferentes, seguro, tranquilo, arbolitos, vegetación, la conversación, la lluvia intermitente y bueno… El plan era llegar a:

Pequeño Mundo, Moravia

Porque yo, como ustedes suponen bien, no tengo ropa de ejercicio y ciertamente no iba a gastar mucho dinero…  Pero alguien debió recordarme a tiempo para qué había ido ahí… pero parece que fue demasiado tarde…

Solo vengo por algo para ponerme debajo, una camiseta que se autodestruya, medias y ya…

Pero no crean que solo fue ropa… Pequeño mundo o “Le petit monde” (inserte aquí su más herrumbrada pronunciación de francés del colegio, en el caso de que usted haya estudiado en alguna institución educativa costarricense y si no, improvise) ofrece de todo para todos:

Bebidas energéticas…

capaces de aflojar el tornillo más herrumbrado de su cama

Ventiladores de mujer premenopáusica, que no servirían de nada sin…

…una adecuada extensión eléctrica.

y hasta seres humanos de vez en cuando..

Vinos de todo tipo, hasta de caballo (conocimientos de falso A1 de japonés son requeridos para entender el chiste).

Largas horas de conversación con Aby y asociados, luego de horas y horas de pasarlo fenomenal con gente linda, comida rica, planes para mi disfraz de jaloguín (un anticipo: el Buki es un fuerte candidato, si no sabe quién es googléelo, estará ahí con su melena, camisa blanca arremangada, pantalones con paletones blancos y zapatos blancos…) Por cierto, ¿he mencionado lo mucho que me gustan las casas de los artistas? Distraída, como siempre, decidí descansar…

Esto no está pasando, esto no está pasando, esto no está pasando, esto no está pasando…

La carrera

A partir de ahora sírvase de poner esta canción:
http://www.youtube.com/watch?v=btPJPFnesV4 (Eye of the Tiger, Survivor)

“Con las téni ponidas”

Foto de Aby García

Foto de Aby García

Foto de Aby García

Foto de Ana X.

Foto de Ana X. Las chiquillas que sí corrieron y yo, que iba a rastras…

Bueno, ellos corrieron, Ana X y yo caminanos, trotamos. Nos perdimos, pasamos por cementerios, escuelas, furgones, señoras en chiquiminishorts lavando el carro (muy agradecida por habernos mojado, a pesar de que tuve mis dudas al principio), niños exploradores, iglesias, moteles, calles congestionadas, centros comerciales, ciclistas, vendedores de huevos a domicilio, niños abanderados…. sí vi mucho y saben ¿por qué? Porque NO ERAN CINCO KILÓMETROS, ERAN DIEZ…UNO CERO (y no estoy contando en binario!!!!) solo que no me dijeron eso a tiempo, digo, sabían que no iba a ir.

Al final, dos horas después, sentadas en el parque, comiendo bananos y manzanas, nos sentíamos felices: teníamos una sexy camiseta naranja color cono de tránsito en carretera / cierre en la vía / hundimiento en la General Cañas, ¡lo habíamos hecho! y lo que más me gustó: lo disfruté a lo grande: el pre, el durante y el post: unas cervecitas en mano, y hablar, hablar, hablar… que así se mantienen los amigos.

¿Y saben qué?
Este domingo voy por otra caminata, guiño, guiño.