Los amantes

A mí me gustan las palabras sencillas y sobretodo honestas.

Me molestan, terriblemente, lo que tienen que hacer miles de referencias a miles de bibliotecas para darse validez así mismos. Me molesta que corrompan todo con palabras que están en las páginas apolilladas de los diccionarios, porque así de apolillado deben tenerlo todo por dentro.

 

Los amantes
Gonzalo Rojas

 

París, y esto es un día del 59 en el aire.
Por lo visto es el mismo día radiante desde entonces.
La primavera sabe lo que hace con sus besos. Todavía te busco
en ese taxi urgente, y el gentío. Está escrito que esta noche
dormiré con tu cuerpo largamente, y el tren interminable.

París, y éste es el fósforo de la maravilla violenta.
Todo es en el relámpago y ardemos sin parar desde el principio
en el hartazgo. Amémonos estos pobres minutos.
De trenes y más trenes y de aviones errantes nos cosieron los dioses,
y de barcos y barcos, esta red que nos une en lo terrestre.

París, y esto el oleaje de la eternidad de repente.
Allí nos despedimos para seguir volando. No te olvides
de escribirme. La pérdida de esta piel, de estas manos,
y esas ruedas terribles que te llevan tan lejos en la noche,
y este mundo que se abre debajo de nosotros para seguir naciendo.

París, y vamos juntos en el remolino gozoso
de esto que nace y nace con la revolución de cada día.
A tus pétalos altos encomiendo la estrella del que viene en los meses de tu sangre,
y te dejo dormir en la sábana. Pongo mi mano en la hermosura
de tu preñez, y toco claramente el origen.

 

2012-07-28 15.23.15

Cuando escribía poesía I

Hace un rato largo…

Sacando si estamos en el 2012 y hace siete que yo no escribo nada de ese tipo… Estamos hablando que lo último tuvo que haber sido de por ahí del 2005. Y muchas cosas son anteriores, pero bueno, no le puse la fecha. Como no tengo copias digitales y al papel le pueden pasar muchas cosas voy a ir poniendo de uno en uno lo de aquella época.

 

Danza de partitura cayendo,
melodías entrecortándose.

Giro, sueño, ascensión, polvo en las manos: se derrama.
Alegría, espejos, giro: ojos cerrados,
levanto el rostro: no paro de girar.

La luminosidad inundándolo todo.
El rocío teje mi cabello.

Es aire y no vapor
los suspiros serán suficientes…

Las ondas tulipanes en estación, algodones sonrojándose:
una oleada en mis manos.

La puerta estará hueca
es madera y no división.

Bailan los árboles afuera,
giran, giran, vuelan.

La danza caldea plumas doradas,
la melodía destila sangre.
Los ríos sucumben

entre los poros de la sequía
se escurren miradas en el suelo.

Abro los ojos

el vals acaba

en aquel instante,
cuando la navaja cae
la gota no espera y surge.

No podrás amarrar el vacío
extendiendo tus brazos,
correrás despertando elefantes.

Las partituras caen,
una a una como soldados
en un lejano silencio de alfileres.

La música bailando
entre tus dedos de esclavo.

ALL

Mis notas sobre viajar en tren

Esta luz no nos perdona.

Nos dejará con los pómulos heridos y las manos húmedas en el cristal.

Se meterá en los rincones de los bolsillos de mi chaqueta y te carcomerá las encías.
Esa luz te cegará y no podrás grabar mi pupila en esa placa de metal.
No mires hacia abajo, allá en esa eternidad de árboles muertos y piedras asustadas.
No escuches el crujido de ese acero golpeado por otros tantos con las esperanzas trenzadas en las manos.

Esta luz no me perdonará.
Cerraré los ojos, me uniré al vacío, mientras este tren avanza.

Foto de mi autoría. San Pedro de Montes de Oca, San José, Costa Rica, 2006.

Estas son mis notas de viajar en tren.

ALLJ

El fugitivo

Un préstamo más para esta entrada. ¿Qué le puedo hacer? Me gustó mucho y antes de que el recorte amarillento del periódico se extravíe lo transcribo y le agrego una fotografía de mi autoría, tomada en Heredia, Costa Rica.

“Hierba demasiado olorosa para ser cierta…”

 

El fugitivo
Ernesto Lumbreras (México)

Hierba demasiado olorosa para ser cierta la que levanta ese pie doliente. Corre, corre, como decir, corazón lo intentamos. Bravos perros lo siguen, olfatean su ánima, lo confunden con un arroyo. En su cuerpo, todo es una prisa de comenzar un verbo. Hambre y sed tiene; niños, hormigas, algún yunque, si se le mira bien, consigo los lleva. Vive de raíces amargas, conversa con demonios, llora un llanto lustral. Sabe que él es un porqué que huye.

De noche duerme mal como música enterrada, como pata de caballo. Presiente un final de luz nacida sin manos, de olivo conteniendo en su follaje la palabra luna. No sabe si entregarse, pobrecito, siente un temor de colibrí detenido sobre una aguja de hielo.

¿Dónde, dónde, a la vuelta de qué fulgor, en qué  alambrada sin llano quedó el ojo de su padre? Sabiéndose perdido mira la redonda tierra mojada por la aurora y ríe un poco. Pero corre, corre, como decir, la vida fue un dolor, yo soy su canto.

(En el original aparecen dos secciones en cursiva, las que aquí aparecen en negrita).

Solo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Una amiga gran amiga mía, con quien puedo hablar abiertamente de prácticamente todo, no solo de anatomía sino de humanidad: sin penas, sin tapujos, sin morales herrumbradas, usando el vocabulariono que se nos antoje, con toda la cantidad de wasabi que haya sobre la tierra (solo con ella puedo comer un pedacito de sushi y una cucharada de sushi on top)  ella con whisky yo con algo más mundano… tiene una tendecia errática de ir y de volver. Esa tendencia que a mí, con once años menos que ella, me está empezando a seducir, y ¡de qué manera!

Después de un periodo de ausencia, volvió y dejó esta poesía a disposición.

¡Es hermosa! Y aclaro, no tiene nada que ver con la entrada anterior “Carta abierta al amor”. No estoy deprimida ni mucho menos, pero más de uno podría sentirse aludido. Y con toda la razón.

Espero curarme de ti
Jaime Sabines

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Bienvenida de vuelta y bienvenida a mi blog, compañera.