Vamo a hablar panameño

Fue lo que se me ocurrió a medialuz, una noche cualquiera en uno de mis bares favoritos en el Casco Antiguo, en ciudad de Panamá. Puede que la balboa que me estaba tomando influyera en la conversación. Eso y el hecho de que no estaba entiendo al 100 x 100 lo que la gente decía.

Empezaron con la explicación. Annie y Sabrina. Hasta que las tuve que interrumpir. Correr donde el mesero y suplicarle un pedazo de papel y un lapicero. Pues no, ir donde el parrillero quien con un guiño me dijo que a cualquier persona le daría hasta su alma, pero como era yo no. Apelé al hecho de que quería aprender a hablar panameno. No resultó: el tipo en cuestión era colombiano. Me volvió a guiñar el ojo y me dio su lapicero.

Entonces, Annie y Sabrina, gustosas me compartieron su listica y yo con ustedes.

 

  • Tilín tilín y nada de paleta. Algo así como ser pura paja; perro que ladra no muerde, o mejor aún: ofrece y ofrece y a la hora de la hora, nada de ná.  Para más recursos didácticos, vea el video. (Ellas lo cantan de corrido…)

    https://www.youtube.com/watch?v=7VgDVvhvjx4

  • Tranque: presa. (En Ciudad de Panamá eso sobra, a cualquier hora.)
  • Chucha: la versión de panocha, órganos reproductores externos femeninos.
  • Chucha madre: o como yo diría puta madre, la puta que te parió. (Pero si usted es una señorita de bien, como no me queda la menor duda y está ante la presencia de señoritas de igual categoría, sírvase a decir: “cha madre”.)
  • Micha: mal pensados…. Es un tipo de pan: pan de micha.
  • Pinga, verga: picha, pene.
  • A ya lá (la vida, la máquina, la verga): denota sorpresa. ¿Al chile? ¿En serio? ¿Me estás jodiendo?
  • Man (ese/ esa man): el equivalente a mae.
  • Agüevado: significar estar como el huevo, es decir lento. Nada que ver con nuestro agüevado que significa que está triste.
  • Parking, parquear: irse a tomar la frías con los compas. Justo lo que estábamos haciendo cuando recibí esta lección de panameño.
  • Chilea: tranquila.
  • Pinta: cerveza.
  • Ajo  jo, chucha: ¡yyyy mae!
  • Bochinche: chisme.
  • Cógela: suave.
  • Qué por sopá: qué pasó. Algo así como el mopri que viene de primo.
  • Priti: mi favorita por mucho. Tuanis.
  • Vaina: vara, carajada.
  • Pelaíto: güila, niño.
  • Se formó un vergero…

¡Muchas gracias chiquillas!

 

Anuncios

Solo te pido una postal a cambio

-Pues sí, será mi primera vez fuera del país. Incluso tuve que ir a sacar el pasaporte.

Yo no me lo creía, pero parecía ser cierto. Tan cierto como el vaso de cerveza que me estaba tomando. Tan cierto como que los tres estábamos en la barra del bar. Volví a ver los ojos de su esposa esperando confirmación: ella asintió con la cabeza y yo me quedé viendo sus gafas rojas. Me miré los pies, las uñas pintadas de rojo oscuro y entonces recordé que la primera vez que viajé en avión -sola, como todas las demás veces- también me había visto los pies. Solo que esa vez llevaba tennis y medias y no ese par de zapatos húngaros.

Entonces, entre sorbito y sorbito del festival de cervezas que nos improvisamos esa noche me dio por pensar. ¿Qué me hubiera gustado saber antes de ese primer viaje? ¿Qué hubiera cambiado? Nada, ahora puedo decir que nada y que alguien se atreva a quitarme lo bailado. En todo caso, solo puedo decirte, compañero, que te vas a volver adicto.

Te vas a volver adicto a esa eterna sensación de asombro: es como ser un infante de tres años con la conciencia de tres décadas después. Es delirante: te marea, te intoxica: te deja listo para ir por más. Todo resulta novedoso, desafiante y ajeno. O no, en determinado punto puede que te llegues a dar cuenta de que efectivamente en todas partes se cocinan habas.

La ansiedad sobre la boca del estómago no va a empezar cuando estés sentado en el avión. Puede que empiece dos meses antes o justo cuando tengás el boarding pass impreso en la mano, cuando veás tu nombre impreso junto con un número de asiento, un número de vuelo, un número de horas, un número de millas por recorrer. Cuando veás tu nombre a la par de un manojo de número que esta vez sí tienen sentido y materializan eso que parece no estar pasando.

Puede que la ansiedad nunca se te quite. O incluso como en mi caso, solo la veo venir cuando finalmente paso el tarjetazo y tengo un viaje en la mira. Luego se va, la gente me pregunta que si estoy emocionada y lo único que me gustaría decir es “solo estoy cansada”, pero miento y digo que sí, que no puedo esperar. En mi caso, el cansancio y los preparativos pueden más que cualquier otra cosa; de manera que la ansiedad se repliega y como una ola, regresa de golpe, me da una generosa cachetada en la cara; un día cualquiera, en el momento menos esperando, cuando te das cuenta de que SÍ estás ahí, de que es real y de que no tenés ni la más remota idea de cómo pasó, pero de que efectivamente ha pasado.

Ser un extraño; ante lo extraño y ante la misma extrañeza de los otros. Sentirse lejos de todo y de todos: ver un mapa y buscar tu país y ver cuán larga es la línea que separa un lugar del otro: a mí me da vértigo. Sobre todo cuando ni siquiera tu país aparece en el mapa porque no había suficiente espacio. Miedo, más ansiedad; curiosidad. Embriagarse de novedad, no querer dormir porque eso es perder el tiempo: hay tanto que ver, tanto que oler, tocar y saborear. Desear no salir de casa porque no aguantás el dolor de pies. Amar ese nuevo lugar, perderse, tener esa sensación de que te estás perdiendo de algo novedoso a dos cuadras pero que irremediablemente te lo vas a perder porque no serás capaz de encontrar ese lugar. Odiar ese nuevo lugar. Querer regresar pero ya, no querer devolverse.

No importa: lo más probable es que tu teléfono no funcione. Que todos los preparativos se queden solo en eso, al final vas a terminar haciendo algo muy distinto de lo que planeaste. Me alegra mucho que te comieras el wantán con los dedos; que yo sepa en la India no te van a dar cubiertos.

Solo te sugiero que llevés un cuaderno pequeño. Tomá nota de todo: de los lugares, de los nombres de las personas, del precio de algo. El nombre de las calles, las horas. Puede que a Camilo le haga mucha ilusión ver esas notas cuando ya sea grande y que como sus padres o como yo se termine contagiando de esa necesidad de mundo, de esa imperiosa necesidad de expandirse, de que la curiosidad solo se satisface en el momento en que tenés más curiosidad. Porque esa es la única forma de mantenerse con vida.

Recordá que cuando llegués a Dublín será mi cumpleaños. Yo solo te pido una postal a cambio de los muchos consejos que no puedo dar y de las buenas vibras, porque yo tampoco tengo dios al qué rezarle para que te vaya bonito.

 

 

A Rodolfo
(en su primer viaje, que no el último)

 

2013… ¡Gracias por tanto!

El recuento. De por qué el 2013 ha sido un año espectacular. Y de por qué el 2014 no debería ser menos.

  • He viajado, he viajado, he viajado, he viajado… Un nuevo continente, cuatro países nuevos: Nicaragua, Alemania, República Checa y Hungría. Tantos más por ver. He viajado de Norte a Sur y de Este a Oeste en Costa Rica. Ahora solo siento esa ansiedad y las cosquillitas de empezar a buscar tiquetes aéreos, otra vez; de buscar un nuevo destino.
  • La felicidad que da volver.
  • La felicidad que da irse.
  • Ser incapaz de aburrirme.
  • Vivir lejos, viajar sola, leer mucho, pasar mucho tiempo consigo misma (que no a solas). Conocer gente, exponerse a otras situaciones, salir de la zona de confort. Aceptar lo que se tiene que aceptar. Dejar ir. Hay algo parecido a la paz,  a esa sensación de no tener que demostrarle nada a nadie, ni a mí misma. El camino a la vejez parece prometedor.
  • Aprender ¡y tanto!
  • Enamorarme, desenamorarse. Volver a enamorarse.
  • Llenarse de ilusión.
  • Relacionado con lo anterior: la gente hermosa que he conocido. Mi agradecimiento a los extraños que conocí durante este año y que me ayudaron de una otra forma; a los que recuerdo y a los que no. La gente del apartamento de Praga, los amigos de mis amigos en Hungría, el francés que conocí en Alemania, a la prostituta con tacones en la montaña, al inglés que me alegró el último día en Berlín, la chica de las trufas en Frankfurt, al croata que me puso en la otra orilla, a los españoles uno más loco que el anterior… ¡Cojonudo! La gente de la montaña que me han ayudado tanto. Los voluntarios, los profesores, los turistas, los locales, las familias. ¡Qué montón de gente buena hay en el mundo!
  • Los amigos. Cada vez son menos, cada vez son más cercanos y más entrañables. Sacan el ratito para verte, te llaman, te preguntan cómo estás. Uno responde de igual manera. Esa es la familia que he ido armando y es preciosa. De igual manera, aceptar a la gente que ya no es tan cercana, cada quien se arma su vida y decide con quién compartirla.
  • Las cosas ricas que me he comido.
  • Las cervezas y los licores. Los chocolates y los placeres.
  • Saber que los deportes extremos no son lo mío: ni el rafting, ni el canopy, ni surfear, ni andar a caballo…
  • Saber que lo hice, que llegué, que lo logré ¡y qué me quiten lo bailado!
  • Empacar, desempacar. Volver a empacar. Volver a desempacar. Ordenar, limpiar.
  • Básicamente he hecho lo que me ha dado la gana.
  • Examen de candidatura: listo. Ahora solo falta terminar la tesis. ¡Casi nada!
  • Comprar los libros de los autores que siempre he querido. Empezar a tener una biblioteca digna y de calidad.
  • Sobreponerme a todos los problemillas de salud que han aparecido en el camino. Por ahora, todo bien.
  • Disfrutar de las caricias del sol y de las olas del mar.
  • Tener un buen trabajo.
  • y mi favorito: mandar a tomar por saco todo lo que no vale la pena ser recordado.

¡Que el 2014 se venga con todo! ¡Feliz año nuevo, que sea muy bueno para todos ustedes!

Cruzar el charco, por primera vez

Primera parte

 

Hoy es noche de insomnio, como tantas otras. Parece que se me está haciendo costumbre, o quizá, es que mi organismo simplemente tiene un modo nocturno de funcionar. El caso es que vamos a aprovechar este ratito para actualizar este blog que tan descuidado lo tengo.

Como primicia para las siguientes entradas, creo que el hilo conductor será “las primeras veces”. En el caso de esta entrada, voy a tratar de recordar cómo fue cruzar el charco por primera vez.

Para quienes no estén familiarizados con la expresión “cruzar el charco” pues se los explico gráficamente. Básicamente es esto:

Aunque la palabra "charco" sirve para nombrar aquella porción de agua encerrada en una porción de tierra ubicable en una zona geográfica delimitada y pequeña, como lo puede ser la calle o la acera,

La palabra “charco” sirve para nombrar aquella porción de agua encerrada en una porción de tierra ubicable en una zona geográfica delimitada y pequeña, como lo puede ser la calle o la acera; evidencia el rastro de la lluvia (o el uso indiscriminado, no señalizado ni penalizado en el recibo, del agua para lavar la acera, el carro o regar las plantas. Bueno así eran las cosas cuando era niña…) La palabra “charco” señala el camino de muchas memorias agradables de cuando éramos niños y saltábamos para mojarnos los zapatos y salpicarlo todo a nuestro alrededor. Pero además, el charco, el gran charco es ese océano que nos separa y que a la vez, como si fuéramos Sísifo, intentamos una y otra vez, unirlo a nuestra existencia, sabiendo que no queda más que el retorno, del otro lado del charco.

 

-¿Vas a ir a Europa sola?

-Sí

Reacción a:  ¡Mae qué chiva! ¡Qué dichosa! ¡Qué le vaya bien!
Reacción b: ¡Mae, qué chiva! Qué valiente… Yo no podría hacer algo así.
Reacción c: ¡Qué chiva, Ana! Ojalá le vaya muy bien, pero se cuida…

Yo la verdad, cuando compré el tiquete pues no estaba segura de lo que estaba haciendo. No le conté a mucha gente y mucha otra se fue enterando con el tiempo. El día antes, tampoco tenía idea de que lo que estaba haciendo. Así que incumplí todas las recomendaciones que te recitan para tener un viaje placentero y reducir el jet lag:

1. No dormí lo suficiente la noche anterior al viaje. Vamos, hay que hacer la maleta.
2. Habíamos tomado. Estábamos celebrando el cumpleaños, a la distancia, de un amigo y colega que ya no estaba con nosotros. Pero le hicieron llegar una copia del video.
3.  Tenía cansancio acumulado de la semana anterior: el trabajo y el insomnio.
4. Entre otros detalles que no vienen al caso.

Así que, unas horas antes de levantarme de nuevo yo ya estaba lista:

2013-08-12 23.44.56

A las poquitas, poquitísimas horas, estaba en pie. Bañarse, ponerse la ropa que estaba tirada en la otra cama. Suenan las rueditas de la maleta por el piso de madera. ¿Les he dicho que soy adicta a ese sonido? A las 6:00am, Alex, uno de los taxistas que nos lleva cuesta arriba y cuesta abajo por la trocha, me estaba esperando. Empieza el viaje: ver mis montañas, los valles. Este verdor que me embriaga.

6:20am, 13 de agosto. Comprar el tiquete del bus de Santa Elena a San José. Ir al baño, sonreírle a los turistas que como yo se bajaban en el aeropuerto y somos los últimos en poner nuestro equipaje en la barriga baja del bus. El chico del asiento de adelante, del otro lado del pasillo, está bastante guapo, tiene esos requisitos físicos que a mí me encantan. Él estaba un poco obsesionado por los traseros femeninos, un poco… Demasiado. Pero es que tenía mal gusto, querido mío, ese trasero no merecía tanto detenimiento. No, los calzones grandes no mata pasiones, el mal gusto lo asesina por la espalda.

6:30am, 13 de agosto. Oficialmente comienza el viaje. No bien hemos salido de Santa Elena cuando esta mujer de caderas anchas, no tan anchas como el mundo, pero sí para hacernos recoger los hombros; tan latinoamericana ella con sus tacones, maquillaje llamativo, ropa ajustada, llantas en la zona abdominal y perfumes (entre el perfume y las cremas, calculo que llevaba al menos 6 olores distintos) detiene el bus. Un señor mayor no ha abordado el bus y para complicar las cosas, él no entiende bien la nueva ruta del bus. No lo culpo, yo tampoco.

Algún punto más tarde en la mañana. Las curvas de Guacimal… Las odio. A echar mano de la primera dosis de gravol. Y yo que quería usarlas después y pasar seguridad con 4.5 sentidos en lugar de 3 de los cinco que dicen que tenemos. Audífonos, cerrar los ojos y concentrarse en la nada. Sí, en la nada. Ese malestar no da para pensar en el existencialismo. Mi compañero de viaje no se molesta. Él lleva audífonos también. En algún punto empiezo el desayuno que había preparado la noche anterior.

10:30am, 13 de agosto. Mi maleta está a la orilla, como la gente que se queda en el aeropuerto. El chico que miraba traseros también se baja aquí. Pero él no sabe devolver sonrisas, aunque sea de complicidad por estar, ambos, en la misma circunstancia.

Tantas y muchas horas ahí. Tratar de leer, comprar un café moca que sorprendentemente no está dulce. Han usado cacao de verdad y el precio ha sido justo. Comer, ver la gente, esperar… No a que llegara la hora del vuelo, sino esperar a que el avión aterrizara. Empiezo a darme cuenta de mi soledad. Empiezo a tener conciencia de lo que implica viajar sola. Empiezo a darme cuenta que la única compañía durante este viaje serán las personas que momentáneamente me encuentro en el camino, en las mismas condiciones que yo. Empiezo a darme cuenta que la única compañía real será yo misma y la voz más amable será la mía propia, la que resuene detrás de los ojos.

Los chicos con pinta hippie, los trabajadores del aeropuerto que bajan a almorzar, las chicas que están esperando por su vuelo y gritan de emoción, se toman fotos y las suben a twitter anunciándole al mundo que el momento ha llegado, que su momento ha llegado. La familia modelo que comparten comida; tanta corrección y tanto orden me causan vértigo. Van y vienen, la gente va y viene como las olas del mar, y yo estoy ahí sentada a la orilla, en una especie de ruleta rusa, sin saber si en esta ola o en la próxima la espuma se estrellará contra los dedos del pie.

Y así, como todos se han ido, me toca partir.

Es hora de hacer filas: pagar impuestos, no chequear la maleta, revisar que lleva el peso justo. Es empezar a escuchar otra variedad de español. Es que te desordenen la maleta. Eso nunca se lo perdonaré, señorita, téngalo presente. Es hora de cambiar dinero. Que el señor te interrogue y te mire sospechosamente porque piensa que estás sacando dinero de su cuenta, no, no señor, es mi tarjeta. Es hora de ver a ese grupo de mujeres que son felices con la tarjeta de crédito del macho alfa. Allá van con sus ropas caras, tacones lejanos y cada mechón en un lugar preciso. Es hora de ver a las parejas despedirse con lágrimas en los ojos de ella… Te entiendo mujer, en otra vida estuve en tu lugar. Es hora de tratar de seguir con los consejos: vamos por un jugo natural y evitemos las estafas:

2013-08-13 13.37.46

 

Empiezo a sospechar que voy a desarrollar una alergia emocional hacia los turistas. Hacia cierta clase de turistas.

Es hora de bajar, es hora de finalmente cruzar seguridad. Es hora de ir a esa esquina del aeropuerto y esa valla tan espantosa que tienen cubriendo el ventanal.  Una buena metáfora de la realidad, para no ver los caseríos con techos de latas de colores desiguales vamos a poner un pancarta con fotos de gente feliz, consumiendo felicidad y generando esa distancia entre los que no lograremos tener un espacio en ese cielo de cinco estrellas.

Otro chico guapo, español, en este caso. Muy concentrado en su celular. ¡Ay estas generaciones! El señor de policía turística que me pregunta si soy extranjera para hacerme un cuestionario… No, soy tica. La llamada de una amiga me devuelve a la realidad terrestre y me doy cuenta que estoy ansiosa, que no sé que va a pasar, que me siento atraída por ese precipicio de lo desconocido.

4:30pm, 13 de agosto. Es hora de cruzar el charco y apagar todos los dispositivos electrónicos.

2013-08-13 16.46.41

Tiquetes aéreos… algo así como la felicidad

Empecemos con una confesión: me encanta comprar tiquetes aéreos.

Me encanta meterme en los diferentes buscadores, agencias y compañías aéreas; cambiar las fechas, los lugares de llegada cuando sea posible y ante todo buscar el más barato. Encontrar lo caro es fácil y burdo: a mí me gusta ahorrar hasta el último céntimo en tiquetes.

El año pasado, muy a mi pesar, no pude hacer ninguno de estos viajes. Pero fue un año bien complicado. Así que este año compenso y con creces.

Mi mejor amigo se casa… Muy lejos de casa, ¡en Hungría!

 

Y ya tengo los tiquetes listos para ir.
Y voy a ser testigo en la boda.

Que no nos quiten lo bailado, guapo.
¡Pero qué falta me hacés, en serio, qué falta!

Me he quedado huérfana para los helados de la pops, para comer donde el chino, para irnos a tomar las frías, para hablar de los problemas de la forma racional, para irnos a tomar un café, para dar los cursos de entrenamiento, para jugar video juegos, para cuidar la pecera, para compartir libros, para leer a Borges y Gonzalo Rojas, para hacer trabajos de la u juntos, para que me deseés un feliz cumpleaños, para los no abrazos, para reírme de lo despistado que sos,
para ser tu hermanita menor.

Solo puedo decir que me alegra montones saber que estoy a dos meses de volverte a ver.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

2013

No hay fiesta de fin de año sin esta canción, tan es así que hasta me alegra el corazón. Incluso logro ignorar la letra porque este año yo sí lo quiero olvidar con todas las de la ley. No dejó muchas cosas buenas ni muchas bonitas. Tampoco me quedó la chiva, la burra negra, la yegua blanca ni la buena suegra (porque ni siquiera tengo suegra).

En todo caso, yo no sé cómo, tal vez gracias a las travesuras de Pandora, nos queda la esperanza de que este 2013 sea un año mejor.

 

 

¡Feliz año nuevo!

¡Gracias!

No me había dado cuenta de la fecha… A ver ¿qué día es hoy?

Bueno, no los culpo si no sabe o si ni siquiera recuerda qué fecha es hoy.

Un exnovio se enojó conmigo porque siempre olvidaba la fecha del aniversario (y siempre se quejaba de la falta de romanticismo por no recordarlo). Otro era igual que yo: lo recordábamos con suerte (y mucha) una semana -o varias- después. Pero esas historias las voy a dejar para mi propio capítulo de mis amores ridículos. El caso es que los que me conocen saben que sin agenda, no funciono bien (si no pregúntenle a mis estudiantes) y si no lo apunto no voy a ir a ninguna de sus actividades no es nada personal, es que soy muy distraída y el tiempo es una cosa absolutamente bizarra para mí: tan elástico como la plasticina o la  buena masa para pizza.
Aclaro, escribí el verbo apuntar -ese que recuerda papel y lápiz- que eso de la agenda electrónica solo la usaré cuando yo sea tan famosa y tan rica que tenga una asistente que se encargue de eso. (Ven cómo no soy nativa digital… Mi sobrino de doce años se reía de mí al saber cuándo fue que usé internet por primera vez, y de cuándo empezaron mis clases de computación, tomo nota para otra entrada en el futuro).

Pero hoy me acordé de la fecha… Bueno, me acabo de acordar, para ser más precisos.

¡Hace un mes nació mi blog! Y estoy absolutamente feliz y sobretodo agradecida con todos ustedes que me leen… ya suman 195 visitas!!! Nunca pensé que volvería a escribir… me tomó siete años reponerme: un amor frustrado me cerró la palabra y… el caso es que se abrió de nuevo. ¿No es maravillosa esa aparente armonía en el universo? Al menos, cuando veo las estrellas sí que me lo parece. Y nunca nunca imaginé que volvería a tener un blog y que iba a tener tanta gente leyéndome de tantas partes en el mundo.

Es imposible sentirse sola, con tanta gente maravillosa en el mundo.

El mundo se vuelve un lugar tan sospechosamente pequeño…

 

¡Muchas gracias a todos! Y no olviden dejar sus comentarios, así me entero de lo que está pasando por sus cabezas ,-)

Los buenos profesores…

…¡son también buenos cocineros!

¡Comida, profesores!

¿Que no es cierto? ¿No me lo creen? Permítame decirles: ¡Que mala suerte la de ustedes!

Bueno, está bien. Toda regla tiene sus excepciones; si no pregúntenle a la amada Real Academia Española.

Pero en este caso, la regla es consistente y sin vericuetos. La junta de amigos (y colegas) que tengo yo son excepcionalmente buenos en muchas cosas: ¡pocas veces se ha visto gente tan brillante en cosas tan diversas! Y es que, el que no cocina como le da la gana, sabe darme una clase magistral de arte (de cualquier periodo de la historia de casi cualquier momento histórico); el que no diseña en 20 minutos lo que a mí me tomaría tres días sabe la correcta pronunciación de una palabra en inglés en al menos 10 dialectos con 50km de distancia entre sí; el que no sabe de gatos baila con sabor latino y la que no se sabe al dedillo toda la filosofía desde tiempo socráticos, toca la batería o, si no, es capaz de disfrazarme o maquillarme de una manera que dejo de parecerme a mí misma: esa ciertamente es una habilidad muy útil en nuestros días. Y por extrañas razones del destino terminamos todos juntos en una misma escuela de idiomas: algo así como que el diablo los cría y, además, nos hizo el favor de juntarnos.

Alguien con ínfulas de artista rechinado (tan agradable como el café quemado en una mañana de resaca) me dijo cuando me conoció: claro, es que todos los genios de una época se conocen… Él evidentemente, ni es un genio, ni es uno de nuestro gremio. La pretensión y la arrogancia disfrazada de conocimientos de wikipedia no nos agradan, punto. Ante todo ser genuinos:

Tomada directamente de un bolso Guchi de una colega. Panamá, 2010.

El caso es que se dice que los buenos profes son también malos estudiantes. Doy fe de eso también. Así como que los malos profes son malos estudiantes: ¡eso sin duda!

El caso es que bueno, acaba de pasar una mañana llena de adrenalina (y eso que no había ido al Parque de Diversiones que como dice la propaganda está llena de emociones… y cómo no, si con solo pagar el pase especial uno ya se siente dentro de una película de ciencia ficción mala: estafado y defraudado pero con la secreta esperanza de que las cosas mejoren), pero bueno, había decido que ese viernes yo no me iba a quedar en casa, no, necesitaba salir de estas cuatro paredes para encontrar un poco de balance… y una buena cerveza.

Lamentablemente, me llaman:

-Sorry mae, pero el búk clob no lo vamos a dar hoy… <inserte explicación>

<vos de Ana resignada> -Bueno, ni modo…

-Así vendos veces la película que les dejé de tarea…

-¡Claro!, nos vemos (¿recuerdan eso de que los bueno profes son malos estudiantes?)

Bueno, mujer de armas tomar , o sea yo, decide tomar cartas en el asunto porque no me iba a dar por vencida tan fácilmente:

-Mae, ¿a que hora sale del brete?

-A las cinco

-¿Y tiene planes?

-No..

-Bueno, yo le caigo. Cuidado se va antes!!!! (Lo pensé, pero no lo dije: Cuidado se ve antes guevona, que odio que me dejen plantada!)

Y pues, luego de dormitar un rato, de pensar y de dar unas tres vueltas en la cama, me puse zapatos, tomé una sombrilla (accesorio costarricense imprescindible para esta época del año, como es común también en los otros ocho meses de lluvia tropical), me subí al bus, me bajé y caminé.

-¿Que querés hacer nana?

-Tengo como hambre, y como antojo de comida china. (Yo estaba soñando con algo en salsa agridulce y arroz blanco).

-Mmmmm…. ¿Y si vamos al auto, compramos cosas y hacemos pizza?

-Ok, jale.

A caminar, para acomodar los espíritus.

¿Esa salsa de tomate es suficiente?

Sírvase de escuchar Vivaldi, de las cuatro estaciones: primavera
y si quiere hacer el ejercicio, lea estas primeras tres lineas siguiendo el ritmo.

Estuve, lo admito sin pena, con una obsesión por la salsa de tomate… Desde que Ana agarró la bolsa de tomate de tamaño regular y yo tenía mis ojos fijos, fijos, fijos en las latotas de más de 500gr.

-¿Estás segura que con eso alcanza? <Inserte mi cara atemorizada>.

-Sí… (voz de ana no muy confiada pero con extrañeza ante mi pregunta).

Bueno, aquí la que tiene experiencia en la cocina, no soy yo… Me quito el sombrero ante la expertís de ana y su vena, casi genética entre las cucharas:  recuerden el episodio de pánfilo, estimados y estimadas amigos y amigas.

(Tercera llamada para Ana García:
¿cuándo putas vamos a escribir eso?
Yo escribo, vos ilustrás, que esa odisea de cocinar un pavo es épica,
supera las hazañas griegas)

Así que nos dividimos las labores de la cocina y vamos en orden:

Yo siguiendo las instrucciones de la chef a cargo me dediqué a picar los ingredientes:

Jamón de no sé qué de no me acuerdo dónde con, eso sí, 25% de descuento y tocineta.

Cebolla morada, pollo… al fondo una explosiva combinación de quesos para pizza, hongos y aceitunas verdes…

Jonathan se nos unió en este punto con un maravilloso:

Queso con granos de pimienta… y hierbas fresquitas del patio. (No, lo siento, esas no se fuman, bueno, hasta donde yo sé…)

Todavía no me explico cómo sobró queso para ponerle a la pizza.

Mi única explicación es que mientras se iba cortando se iba multiplicando… o algo así de sobrenatural, porque de otra forma…

Queso pimentoso sumergido en la salsa de tomate hirviendo…

Perejil con queso pimentoso… ¡sabor!

Una vez que hube terminado de picar (más arcaica no se puede sonar, solo superada por el vosotros o un español hablando en vos o de su vuesa mercé), decidí sentarme en el lugar donde yo me siento en la cocina de ana: en el bidón agua:

Muchos de ustedes se preguntaron ¿para qué estudiamos física en el colegio? Para esto, chiquillos, para que cuando sean grandes aprendan a hacer equilibrio en un bidón de agua, sonriendo, con una lata de cerveza. ¡Y que ninguno de los anteriores termine en el piso!

Ana empezó con la salsa (yo seguía sentada, hablando de la crisis española con Jonathan y los amigos de él en España, de cómo hacer de celestinos con nuestros conocidos con Ana y sobre la música de la radio con todos, especialmente con Kahli):

Aquí debemos darles las gracias a Hana Ozaki por habernos heredados una lata de tomate.

Ana también se encargó de la pasta…

Fase uno: ¡ya sé qué quiero para navidad! ¡Un rodillo!
Fase uno punto dos: bueno, a falta de rodillo, una botella.
Fase uno punto tres: páseme ese papel aluminio.

Fase uno punto cuatro: -¡Picha! Quitémosle el papel aluminio.
Fase uno punto cinco: ay mae… las botellas de vino no solamente son útiles para alegrar el cuerpo.
Fase siguiente: no mae… ¡las botellas es de ron!

Luego poner todas las cosas bellas y sabrosas en este artefacto maravilloso de la abuela de Ana (también conocí a la bisabuela!!! Es una señora de 102 años y me dijo que era muy linda! El piropo más dulce que me han dado!!! Me dieron unas ganas incontrolables de de abrazar a semejante señora, pero como ustedes saben de mi torpeza, me contuve. A parte, ella tenía la cena enfrente y… yo y los regueros somos íntimos).

El caso es que doña Eugenia nos prestó una pizzera, o así lo nombré yo, porque nadie sabe cómo se llama o de dónde salió:

¡Magia potagia! Esa frase es una de las nuevas que he aprendido y me encanta…

(Si todavía siue escuchando Vivaldo, por favor, deténgase, y cambie a Delibes y su (Lakmé) Flower Duet)

🙂

Pizza uno

Pizza uno a medio camino

Pizza uno: ¡solo good!

Solo puedo decir: el ajo con el perejil fresco es una delicia. Y la cebolla morada: soy adicta a las cebolla en cualquiera de sus presentaciones: blanca o morada, cocinada o cruda: venga a mi reino.

Disclaimer: The following picture contains content that may be inappropiate for some  viewers.  Parental discretion is advised. Advertencia: La siguiente imagen puede herir la suceptibilidad de algunos televidentes. Se recomienda la censura paterna.

FOOD PORN:

Pizza dos… un mar de sabor, ahhhhh. Mi propia foto de food porn… Yo sé que mis días como profesora de español están contandos, pero tengo un futuro prominente en la industria pornográfica (como productora, obviamente).

Tanto sabor no puede ser manejado por una sola persona. Se requieren cuatro manos, ocho ojos, dos cuchillos, dos tenedores y la concentración de un neurocirujano.

Food porn, take two:

¿Cómo he vivido tanto tiempo sin esa cerveza? Me disculparán por el atrevimiento de usar una copa de vino tinto para una cerveza belga, pero, en primer lugar yo quería ver el color de la cerveza (Ana solo tiene vasos de colores) y además, y más importante, queríamos burlarnos de los fantoches y artistoides. Somos malos, muy malos…

Gracias por presentarme semejante cervecita… es el postre hecho cerveza.

Food porn, take three:

Brownies caseros hechos por mí: crocantes por fuera, suaves y húmedos por dentro. Sienta las chispas de chocolate en sus dientes en el primer mordisco en contraste con la sedosidad de la pasta… con helados trits!!!!!

Food porn: decadencia…

Y bueno, cumplí mi misión inicial.

¿Que pasará en el próximo capítulo culinario?

A ver… agarremos ideas de por aquí y de por allá…

Saber despedirse

Hoy, hace unas tres horas me enteré que la mamá de una buena colega había muerto.

Una buena colega a la que debo mucho, mucho y no habrá forma de agradecerle: por todo el conocimiento transmitido de una forma tan generosa durante mi continuo proceso de formación, por los múltiples almuerzos compartidos a la sombra de una ventana enorme que daba al jardín, por las conversaciones filosóficas, por ese humor y por esa pasión a la vida… Por la sonrisa constante, el intravenenoso, las galletas soda o maría, el atún enlatado, ese amor por la literatura y la urgencia de bebérsela toda.

Testigo silente de tantos buenos momentos.

Esta entrada es para vos, Ruth.

Me llamaron, hace unas tres horas. Y bueno, uno no espera este tipo de llamadas, bajo ninguna circunstancia. Quizá en algunas situaciones sean más probables estadísticamente hablando: si la persona en cuestión está internada y está grave. Pero en todo caso, uno no espera esa llamada. O al menos yo no.

En este punto tengo que ser honesta: yo no sé lidiar con la muerte. Esta llamada me recordó eso: yo no sé y a mí nadie ni nada me lo ha enseñado… La gente se muere, todos los días, yo lo sé. Era muy niña cuando mi abuela murió y no entendía nada. Mi tía era muy abstracta y muy lejana cuando murió: yo no pude llorar esas muertes; no pude entender el duelo de los otros. Yo no sé cómo lidiar con la muerte y con el dolor ajeno: ¿cuáles son las palabras que te van a hacer sentir mejor? ¿Cuál frase tiene menos cliché que la anterior? ¿Cuál es la palabra más honesta? ¿Qué espera oír la otra persona doliente? No lo sé…

Ante el hecho de que no sé lidiar con la muerte, espero que cuando me toque pueda contar una mano amiga, cualquiera, que me dé un vaso de agua para bajar el espesor de sales en la garganta y me siente para que vea el cielo, porque en ese momento cuando la muerte deje de ser un cuento y se materialiace y me abofetee, en ese instante, no sabré llorar, no sabré hablar…

Escribo porque no quiero hablar con nadie, porque no tengo a nadie con quién hablar y tampoco me interesa encontrar esa persona justo ahora. Me basta esta soledad, es generosa y abundante. Me encierro en mi espacio y hablo conmigo misma, pues ante los hechos inesperados a uno, o a mí, me da por pensar.

Escribo esta entrada porque es mi forma de decirte: ¡Ánimo, Ruth!

Foto tomada en el sur de Arizona, Estados Unidos,donde no queda duda de la definición de lo que es un desierto

Es mi forma de darte una mano amiga, como la que a mí me gustaría recibir. Es la manera más sencilla de darte ánimo, una forma para transmitirte fuerzas para continuar: la vida sigue, sigue… Es la forma que tengo ahora para decir que empiezo a entender, mucho más holísticamente, este asunto de las despedidas. Esta entrada es mi forma de decirte “Lo siento” y de verdad que lo siento mucho.

Un abrazo.