Octubre pinta…

10 de enero. Octubre es, prácticamente, el final de los finales. Así como el comienzo de una renovada vida laboral: al menos eso predice la pinta pues toca trabajar cuatro horas dando una clase. Sol, montañas despejadas y cero transpiración: la primera mitad del mes parece ser algo más que éxito total. 240 minutos menos 30 después, busco comida y compañía: estoy en una búsqueda insaciable de gente, de otra gente y en este mes del año, en este día hay un temporal que durará hasta el otro mes e inundará la zona sur del país. Necesito hablar, verbalizar con otras humanidades. Este mal tiempo emocional (que no metereológico) pinta, indica, predice, señala y subraya que estoy huyendo de algo que no tiene forma pero me sigue los talones y se adhiere como brea… Octubre pinta fallos en la tecnología moderna a mediados de mes por el temporal propio de la época (este que me sigue como mi sombra, que me tiene el alma en desasosiego), pero nada como el contacto cara a cara: hablamos, hablamos, hablamos; soñamos con una vida que podría ser, nos montamos en un bote y navegamos lejos de los ríos desbordados de nuestros problemas. A mediados de mes, como (del verbo comer): me decido por un casado con pollo a la plancha y todos los carbohidratos del día en una sola sentada sin necesidad de pedir, mirar, pretender o hacer que entiendo el menú. La necesidad de divorciarme de mi tesis, es hoy, 10 días de haber comenzado el año y décimo mes como corresponde, la única certeza con la que cuento: esa presión sobre los hombros me cansa. Sin darme cuenta, comienza otra vez la ronda de despedidas y yo no entiendo bien qué sucede: hay muchos ojos por todas partes y hay dedos con personalidad propia, muy pocos pedazos de cinta adhesiva para enderezar los libros y los caminos rotos. Octubre predice calor y frío, y mucha dulzura para mediados de mes, cuando con un café comeremos pan con miel y queso quemado, tosteles, esa palabra tan bonita como lo puede llegar a ser patidifuso. Nos veremos en unas semanas, les dije con un abrazo y para la semana del 20 el sol seguirá brillando, pero es hora de que no olviden sus chaquetas, porque al bajar la cuesta o la espina dorsal del mes, el viento les rozará el rostro, estimados lectores. A finales de octubre, cuando ya no estamos en el pico de celebraciones de natalicios, solo se predicen cosas buenas: cualquier falta de calor provocada por la sensación térmica en picada libre será eliminada gracias a los poderosos abrazos de la gente linda que no cambia. Les recomiendo no intentar subirse a una bicicleta: es duro subir la cuesta y llegar a fin de mes. Para reponer fuerzas del desgaste producido por los meses anteriores y de los raspones que pudieron haberse producido en sus rodillas por el aterrizaje forzoso del anterior mencionado medio de transporte, es bueno ver a la gente que está alrededor, se han reunido y comparten un pedazo de su vida con uno: y así se termina octubre se pinta con una sensación de ternura y de protección, de belleza e incluso hasta de esperanza. Las tormentas del inicio del mes disminuyen, pero no se confíe, estimada lectora, usted podría estar en el ojo del huracán, de manera que le recomiendo no preocuparse mucho por su apariencia. Ponernos de acuerdo y que dar un toque no es un dar toque, y tomar un nuevo rumbo habiendo renunciado a un pie de limón. Ir hacia el oeste y en una barra de un bar no tener ni solución ni ideas por ofrecer. No crean que la amargura de la cerveza se quedará en el paladar: habrá quien les regale un pedacito de chocolate y no en vano el último día del año se celebra entre calaveras y chocolates, que dicen la buenas lenguas, se disfruta mejor con cierto tipo de vino tinto. Así como se disfruta de ciertas noches nubladas, cuando hace mucho frío: con amigos que nunca dejarán de ser parte de la historia de uno, un día cualquiera, un mes cualquiera, en un año cualquiera, en una galaxia cualquiera dentro de un bolso de calaveras blancas sobre un fondo negro que reposa, ajeno a la mirada de los otros, debajo de una mesa de un bar cualquiera.

A Lauco.

Septiembre pinta…

9 de enero. Pinta setiembre y está nublado: las lluvias deberían estar en su apogeo, pero si por la víspera se saca el día y por la pinta el año, esta será una temporada seca, más seca que la del 2013. Setiembre, mes de muchos cumpleaños (en dos meses es el mío) y de asumir que nos queda una edad y hacer de tripas, corazón; es hora de un último intento y de amarrar al pulgar la lista de sueños, de esos sueños que eran fresquitos una década atrás, o al inicio de lo que todavía era un brillante 2014. Septiembre no solo se debate entre el enmohecimiento del brillo pupilar de hace unos meses atrás, se debate entre el ir y el no ir. Entre saludar al que está ahí y pasar olímpicamente de ese pedazo de humanidad tan desconocida y tan cabrona. Cine y no tenerle nada bueno que decir. Cine y encariñarse, no con la voz, pero sí con esas imágenes. Rogarle a algún dios de que jamás te toque una vida de esas. Caminar, por última vez, por ese parque y llegar al centro. Mover los pies ayuda en esto de bajar los humores negros, un chocolate caliente te quita el frío de la humedad y de la soledad: a veces me da por recordar viejos tiempos. En la barra, mientras la gente se compra la suerte y se vende el trabajo, Sammy me sonríe y me quiere hablar. Septiembre en esa dupleta eterna, un dios Jano que no sabe hacia qué lado mirar porque le hace falta vidriera para evadir la otredad de la izquierda; se debate entre responderle o no, fingir incapacidad para hablar inglés o contestarle cortésmente que no tengo la contraseña del internet y que el internet que uso es el mío propio. Yo no tengo más que 60 minutos antes de la siguiente estación y no me apetece leer. Sus orígenes árabes, su restaurante en venta, su pronta y extraña carrera de cantante en Las Vegas. Toronto y el nieto, Toronto y California y su exmujer, y sus hijas cuyos nombres empiezan con “s”. Toronto y la casa de sus padres, Toronto y McDonalds, Toronto y la enfermedad de su hija, Toronto y el visado: entendé que no te iré a visitar. Toronto y no me quejo soy un hombre afortunado: entre el clima, su renovada segunda oportunidad y sus cigarrillos en el bolsillo izquierdo. Gracias por pagar el chocolate caliente.

A finales de setiembre se pronostica un aumento en los vientos que bajarán la temperatura y resolverá la cuestión del ir o del no ir. Las suertes están echadas y será cuestión de izar la bandera. A los minutos, me bajo del taburete y espero a María, a la par de la otra María que camina y camina por San José en busca de lo que yo ni siquiera sabía que podía ser buscado. Esta la otra María, fuma un cigarrillo y tiene el cabello mojado. La cena, el mismo arroz de siempre, caminar y al frente de un mapa con el mundo al revés, nos contamos historias, me tomo mis tres porciones de fruta con cachaça. Los ojos del frente siempre serán un signo de interrogación y así terminará setiembre: con una lluviecilla tímida que no será capaz de lavar la curiosidad que sembrás en mí y la pereza de tratar de entender en qué pensás: estoy segura que absolutamente nada. Arriba: Orión con su cinturón de tres estrellas, abajo: una sensación de desamparo metida en la cobijas.

Agosto pinta…

8 de enero. Calor. Trasnochar me pasa la factura y eso pasa: las cosas acumuladas tienen la propiedad de multiplicarse. Jugamos al gato y al ratón por un rato en la mañana: era nuestro último día para vernos y no lo hacemos porque has decidido irte a encontrarme en otro lugar al que yo no sé llegar. Agosto pinta a confusión, a laberinto en la capilla barroca. Caminar y llegar a la conclusión de que la humedad del ambiente no solo me deja respirar bien, me humedece la blusa, me pesan las piernas y con el libro de los placeres dormidos me pongo en la misión de contactar a la gente a la que podría decirle hasta pronto, nos vemos a la vuelta en unos meses. Llamadas telefónicas, mensajes o correos electrónicos. El calendario se llena y el sueño me guiña el ojo para dejarme vestida y alborotada porque no logro ni siquiera hacer una siesta. Hacer amigos con 10 pares de patas al mismo tiempo. Darme cuenta que no tengo la personalidad para comprar cremas caras: ni el bolsillo, ni la curiosidad, ni el espacio. Tomamos café y me doy cuenta de lo mucho que me aburro contigo, el silencio es el don más preciado que nos dieron los dioses: la libertad no tenía mucho que ver con esto.

Julio pinta…

7 de julio, como decir otro día cualquiera. Ya me está aburriendo esto de las pintas, para ser honesta. Hace un sol radiante, de nuevo la idea de que este día representa el séptimo mes me agarra por sorpresa, como tan sorpresa me agarra la mañana y me doy cuenta de que no llegaré a tiempo al correo. Que espere un día más, como tantos queden por vivir en ese cubículo de metal verde oscuro que tanto como alegrías como penas ha traído de varias fronteras. Darme cuenta que el restaurante al que no me hace ilusión está cerrado y revisar los libros que por más verde que te quiero verde y más biografías de Bowie no dejaré ningún rastro de transacción económica. Esperar y quién sabe qué cara pongo, la gente no me sonríe. Comer, hablar, encontrarse y soñar con la esperanza de que los castigos y las faenas cansinas se acaben un día: a Hércules le pusieron siete trabajos y el problema de nosotros es que ni somos semidioses ni sabemos cuántas tareas nos han puesto. Que la vida se digne finalmente a guiñarnos, nos suba la falda o se aleje bailando rumba. Yo voto por todas las anteriores. Suiza te espera, Francia se consolida y yo, yo solo quiero mi carta de divorcio con mi maestría. Julio promete generar ansiedad y cansancio. Caminar, eso siempre hace bien: sosiega. Darse cuenta que la vida en materia de economía no vale nada: no alcanzará nunca, nunca alcanzará ni la vida ni el dinero en la billetera para lo que añoremos. Nueve años de educación universitaria para darme cuenta que tengo habilidad para pintarte las uñas de azul clarito. Mensajes, esperar, los silencios incómodos. Julio pinta a invitaciones decorosas e inesperadas y a pulseras de perlas de río. Julio pinta que nos dejarán los buses y la ansiedad de no encontrar el regalo: todo tiene poliéster en esta ciudad. Julio pinta a romper las reglas, a huir de habitaciones de ese color verde que tanta alergia epidérmica me genera, a escuchar a los Cafres en una azotea sin pedir ni permiso ni perdón, a que veré de nuevo el tablero de ajedrez de los alrededores del Teatro Nacional desde un cuarto piso, una noche cualquiera y yo hablando, hablando. Julio huele a una colonia de Armani y a la primera lluviecilla del año.

Junio pinta…

6 de enero. Combinación de cielo azul, nubes, sol, viento. Amenazan con más viento, el pronóstico del clima solo sabe amenazar y los telediarios le dan voz. Mi madre ve el nubarrón y piensa que amenaza lluvia. ¿Será que junio nos tendrá amenazados? El caso es que junio pinta a “ya estoy aburrida de…”; pinta a no sé que estoy haciendo: esto de leer y leer artículos me tiene con el ánimo un poco perdido y con la sensación de estar engañando a todo el mundo, porque yo no entiendo nada. Junio en todo caso no deparará semejante sensación de abandono. A medio año, ni se tienen las fuerzas del principio ni se tiene la alegría vana del fin de año: es como quien dice la mitad de la cuesta y a mí esa metáfora es como un día de sol, quizá porque a media cuesta, en la parte más alta de la montaña se tiene una mejor perspectiva. ¿Qué me traerá junio? ¿Adónde estaré? Las pintas auguran que no muy lejos, pero yo no creo en los oráculos.

Mayo pinta…

No tenía temor de equivocarme esta mañana cuando corrí las cortinas: en mayo empiezan a acabarse los meses de sol y calor eternos. No ha llovido y en esto, puede que la pinta se equivoque. Arriba el cielo gris, al frente los apartamentos rojos, en el medio: esa corriente de aire que me recuerda que hoy pinta mayo, ese mes que desde el kínder lo asocio con el mes de María, la virgen, aunque a estas alturas no tengo muy claro cuál de todas las Marías. También recuerdo sentada al frente de la computadora, con una mezcla de nostalgia, un poco vieja, que en este mes cumplís años y que por alguna razón lo recuerdo, a veces te recuerdo, pero habrá otros cumpleaños que curiosamente no soy capaz de recordar y debo preguntarle a alguien que nos conociera a los dos que cuándo cumplías años y hacer las matemáticas con respecto a mi edad para saber cuántos vas a cumplir. Esa operación matemática es más curiosidad de mi interlocutora porque de nuevo, eso ha dejado de importarme y dentro de poco se me volverá a olvidar. Mayo pinta a nostalgia, chaval; a fresas rojas y dulces, a una noche parcialmente nublada. Buen pronóstico para huir a la playa. Ojalá hayás regresado bien.

Abril pinta…

4 de enero. El sol deslumbrante y el calor no mienten: abril no tendrá por qué ser diferente este año. El sol y el calor nos darán  una excusa más para seguirnos quejando. Abril no ha empezado tarde y eso me recuerda que de nuevo a principios del año no llegar tarde será importante. Airear las sábanas, correr las cortinas y empezar el día con ropa cómoda, no vaya  a ser que un elástico mal puesto nos limite los movimientos marcando y apretando la carne humana que necesita un poco más de elasticidad textil. En mi caso, un par de zapatos cómodos son igualmente imprescindibles, pero cada vez se vuelve más complicado amalgamar mis ideas de belleza y practicidad. En abril, la comodidad no debería estar peleada con la moda. Abril o lo que es lo mismo, 4 de enero, es un mes en que asumo con perfecta dignidad mi condición de espectadora: con una taza amarilla con café y un río a mis espaldas, veo a la gente usar ropas que no sé si tenga el cuerpo para ponérmelas (secretamente quiero sentir esa textura cayéndome por los hombros desnudos), veo perros, gente haciendo movimientos extraños con sus cuerpos y aros alrededor de su cintura pero en definitiva sintiéndose mejor creyéndose seres humanos alternos y correctos. Puede que lo sean, a mí no me importa impresionar porque yo solo observo. Pero yo seguiré comiendo carne como se pronostica para final de mes. Hace sol, hace sol, hace calor; vientos moderados del este para mediados de mes. La comida del chino que decepciona levemente y sus baños que me dan miedo porque de todos los baños que he conocido en este viaje, solo me han logrado matar en uno, el de un restaurante chino. El cine y la política y el buen gusto no se compra pero se podría compartir: no hay nada nuevo bajo el sol, y eso será una pena porque como seres humanos no habremos cambiado para el cuarto mes del año; pero la nostalgia nos cubrirá los párpados con ese ungüento que nos imposibilita llorar como críos pero nos teje un nudo de sales en la garganta cuando descubrimos que ya no está: el supermercado, el amigo, el amante y solo queden, en mi caso, cuatro paredes vacías y sus cristales sin cortinas. Hacer fila, hacerle saber a los otros que no solo existe una fila sino que estamos en ella, hacerle saber al chofer del bus que nos queremos bajar. Hacerle saber al otro que no podemos con él, pero que lo necesitamos como un ancla ante este mareo circense: abril será mes para tratar de ser felices. Abril será así: de aventuras, de volver, de reencontrarse, de romperle las expectativas a alguien, de recibir mensajes que muy en el fondo esperábamos aunque nos desgastemos haciéndole saber al otro que la cosa no es así, esperando que nos llame, esperando que ese otro se dé cuenta de que estamos aquí y es que en abril podríamos sentirnos a la deriva con tanto calor y mareo. Se pronostican noches claras, flores brillantes, bailes y jolgorios pero para cualquier espectador extranjero se le pronostica confusión al no tener ni la puta idea de cómo se baila la música de ese circo, porque otra cosa más que un circo no podría ser.

Marzo pinta…

3 de enero. El sueño es agobiante y salir de las cobijas parece tarea imposible. La hora en que sonó la alarma del despertador parece que debía haberse atrasado una hora más, pero cuando finalmente he puesto los dos pies en la tierra y he corrido la ventana me asombro de lo que veo: hace sol. De repente recuerdo que hoy pinta marzo, que no en vano será un mes hermoso porque cumpliré 27 años y puede que esta edad parezca insignificante para quienes ya la hayan vivido; para mí, ese número es perfecto: ni treinta ni quince. Marzo pinta a sol, a unas cuantas nubes en el cielo, suena a bosque. Parece que la selección musical de este mes no ha sido del todo escogida por mí y será un mes de tolerancia: no me termina de gustar la música ranchera. Será un mes trabajo, de mucha lectura y de una vez sé que esta pinta ha fallado porque hoy no he salido de casa, pero curiosamente en marzo estaré lejos de ella. He sentido mi primer temblor del año, me han dado un buen abrazo y casi he destruido el exprimidor de naranjas. Nada que no se arregle con café caliente y pan de chocolate. La noche está calma, arriba un tímido cachito de luna me sonríe.

Febrero pinta…

2 de enero. Febrero pinta más interesante que el mes anterior. Las temperaturas son más altas en comparación con el mes anterior, pero la ilusión durará poco. Para principios de la tarde y primera parte de la noche lo cual corresponde a mediados y finales de mes, el clima se volverá ventoso (al menos en las zonas montañosas y Este de la capital) y lluvioso en el Caribe, a ese lugar donde el alemán ha decidido pasar, no todo el mes de febrero, pero al menos este dos de enero. Sin embargo, mis deseos de volver a ese, su país de origen, siguen conmigo así como mi imposibilidad de comunicar algo coherente en la lengua de Goethe y no veo cómo ni por qué eso habría de cambiar algo en febrero.  Acá, en la ciudad capital no llueve, yo uso bufanda porque los vientos me enfrían y si Mario me viera se reiría de mí: tú no sabes lo que es el frío maja; como de igual manera desconozco cómo se verán los picos nevados de Grenoble. Será un mes para recibir mensajes, contestar otros tantos acumulados. Febrero pinta laboral y de amarrarse el cinturón y hacerle frente al trabajo acumulado. Se vuelve a instaurar la rutina, lentamente pero sin dudas: las palomitas continúan en la barra del Buenos Aires. La gente vuelve a transitar de nuevo por el bulevar, solos, en compañía. Tomando café o leyendo filosofía. Puede que se muera alguien o más bien que la muerte deje de mandar sobres violetas o nos imposibilite leer. Turistas, viajeros y extranjeros. El hermoso atardecer nos recuerda que el próximo mes es de los más bonitos. Febrero es mes de salir con los amigos: no en vano tendré una semana de vacaciones. La noche despejada y fresca es la excusa perfecta para anhelar un mes sin lluvias o llanto.

Enero pinta…

Siguiendo la tradición de los abuelos…

1 de enero. Enero pinta oscuro. Puede que las cortinas azul oscuro afecten la recepción de luz porque ya son las diez pasadas de la mañana en el trópico. Estoy durmiendo al revés, es decir, con los pies en la cabecera de la cama y eso solo evidencia que enero será un mes enredado, como corresponde: entre la cuesta de enero, los propósitos de año nuevo todavía con la tinta húmeda y los malos hábitos no hay quien pueda. Un repunte en la temperatura a mediados de mes que corresponde con ese subidón en el termómetro propio del mediodía indicará que la cosa promete mejorar. Cielos nublados no impedirán que el gritón del vecino ajeno (porque no es mi vecino, como tampoco es mi cama, como tampoco son mis cortinas, pero sí mis horas de levantarme) salga a jugar fútbol con un niño ¿su hijo? Tolerancia, enero pinta tolerancia. Hasta con el propio estómago. Oscuridad, cielos nublados y amenaza de lluvia para finales de mes: a penas para convencerse que hacerse corredor era una mala idea, de pies a cabeza. Diversidad culinaria traídas por el chino que estaba abierto: no nos faltará qué comer. Mucho humor, aunque sea del otro lado del mar. Enero pinta que será un mes risible, tal vez porque tengo cero habilidad en pintarme las uñas y eso me transporta al maternal y sus dibujos; quizá como resultado de leer nuestros propósitos de año nuevo humedecidos en el fondo del cajón y reírnos, de nosotros mismos, al pensar que semejantes ideas era posibles. ¡Feliz enero!